La mayoría de las aportaciones que se han hecho en el campo del deporte han estado centradas en la mejora y la cura de las condiciones de salud de los jugadores. Las condiciones físicas, las dietas recomendadas, los límites a los que se puede someter el cuerpo, la resistencia, etc., todo ello en clave masculina.

Afortunadamente los cambios radicales en el mundo del deporte de las últimas décadas, con el reconocimiento y la presencia de mujeres cada vez más mayoritaria, ha introducido cambios que favorecen las condiciones de las mujeres. En concreto, hasta la década de los 90 no se había hecho ninguna mención a las diferencias entre hombres y mujeres en referencia a aspectos claves como el rendimiento en el campo del deporte. Uno de los aspectos relevantes que se están empezando a introducir son las dificultades que presenta para las mujeres el ciclo menstrual. 

Georgie Bruinvels, después de asesorar al equipo de fútbol femenino estadounidense ganador de la Copa Mundial, está en conversaciones para trabajar con jugadoras de tenis británicas. Según Bruinyels, las fluctuaciones hormonales pueden afectar a aspectos como la biomecánica, la laxitud de los ligamentos y los patrones de activación muscular. Afirma además que la primera mitad del ciclo, y en particular la acumulación de la ovulación, es la ventana de riesgo clave. Eso no quiere decir que no se haga ejercicio entonces, agrega Bruinvels, se trata más de ser proactiva para calentar adecuadamente o recuperarse adecuadamente en ciertos momentos. 

Algunos equipos femeninos, como el equipo de hockey femenino de Inglaterra, están ya desarrollando técnicas para monitorear los ciclos de las jugadoras a través del English Institute of Sport, que lanzó su campaña SmartHER este año para educar a entrenadores, fisioterapeutas y atletas a la espera de mejoras científicas también en este campo. 

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