En Erbil, y en toda la región de Kurdistán de Irak, los refugiados sirios pueden trabajar libremente, un derecho excepcional que no se concede a la mayoría de los otros 25 millones de personas refugiadas registradas por la ONU en todo el mundo. De las más de 83.000 personas sirias que viven en la propia ciudad de Erbil, el 60% vive fuera de los cuatro campamentos de la ciudad y en las comunidades, junto con los iraquíes kurdos y otras personas desplazadas internamente de otras partes de Irak. Aun así, las oportunidades de empleo son escasas y favorecen fuertemente a aquellas con habilidades y conexiones.

En este contexto han surgido organizaciones como Islamic Relief, dedicada a la ejecución de programas con personas refugiadas y desplazadas internas, incluido el apoyo a sobrevivientes de violencia de género y sexual. En la organización hay mujeres que se dedican al empoderamiento de otras refugiadas que llegan en situaciones traumáticas. La acogida de esas mujeres y su formación son los principales objetivos de muchas mujeres. Las forman para que puedan tener habilidades sociales y sepan defender sus derechos, conociéndolos bien.

Ayudar a otros se ha convertido en una liberación muy necesaria y, a pesar de sus propias luchas, cada una de ellas está decidida a hacer lo que pueda para ayudar a las otras. Se trata de un compromiso social para mejorar la vida de todas las mujeres que han sido desplazadas, han sufrido violencia o han perdido familiares y amigos.

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