Dado que la violencia de género es un problema de salud pública que afecta a muchísimas personas de diferentes edades y perfiles, la investigación científica analiza aquellas prácticas que darían mejores resultados en la prevención y detección de situaciones violentas. Atribuyendo así a los profesionales de la salud un papel clave en el reconocimiento y la atención de la violencia de género en la práctica. Sin embargo, no todo vale en el tipo de atención dedicado a estas personas. El vacío científico a llenar, manifiesta que, en muchas ocasiones, profesionales calificados para la atención médica requieren de mayor preparación en atender adecuadamente este tipo de conductas.

El presente estudio publicado en la revista Trauma, Violence, & Abuse, [Which Violence Against Women Educational Strategies Are Effective for Prequalifying Health-Care Students?: A Systematic Review] se preguntan, a través de una revisión sistemática, cuáles son esas estrategias educativas que resultan efectivas para precalificar al alumnado de la atención médica, con tal de que sean capaces de prevenir la violencia contra las mujeres. Así, las autoras del estudio realizaron una revisión exhaustiva de la efectividad de los programas de atención a mujeres víctimas de violencia de género y qué tipo de formación recibían las personas que se preparaban para serlo.

Con la intención de identificar las mejores prácticas educativas en VG para precalificar a los estudiantes de salud, se realizó una búsqueda sistemática de seis bases de datos ahondando sobre 17 estudios que cumplían con los criterios de inclusión, y todos los estudios examinaron una o más intervenciones educativas. La evaluación de la práctica incluía evaluar la calidad y los datos y contenidos más relevantes.

Los resultados sugieren que las estrategias educativas que se producen de forma interactiva, dan mejores resultados que los enfoques didácticos. En esta línea, las intervenciones con un enfoque en la aplicación práctica del aprendizaje generalmente se prefieren a los enfoques estrictamente teóricos. Analizando la duración de los cursos, son más efectivos al inculcar cambios de actitud aquellos que mayor duración tienen. Respecto al género que recibe los cursos, en algunos estudios las autoras observaron diferencias, notando que las alumnas superan sistemáticamente a los varones; sin embargo, se necesita más investigación antes de poder sacar conclusiones sobre la efectividad del género único en relación al género mixto.

Esta investigación significa un primer paso en destacar, por un lado, la importancia de la educación para la salud, así como la preparación de calidad de las personas profesionales de la salud en relación a la realidad de la violencia de género. Existen implicaciones tanto para las y los educadores como para los y las profesionales en crear un cambio discernible para las mujeres a su cargo.

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