Las investigaciones científicas ya han demostrado que la intervención del testigo, lo que a nivel internacional conocemos como bystander intervention, es uno de los mecanismos más eficientes para luchar contra el acoso, tanto como mecanismo de superación como de prevención.

En esta línea, la prevención del acoso escolar está orientando cada vez más a la formación de las personas “testigos”, pero se necesita más información sobre las complejidades de las acciones de las personas bystanders en una amplia variedad de incidentes, incluido el acoso entre compañeros que puede darse en múltiples espacios tanto online como en persona. Tres investigadoras de la University of New Hampshire se han propuesto analizar esta incidencia en el colectivo de adolescentes. El estudio Victim Reports of Bystander Reactions to In-Person and Online Peer Harassment: A National Survey of Adolescents [Informes de víctimas de las reacciones de los espectadores al hostigamiento en persona y en línea: una encuesta nacional de adolescentes] analiza los datos de las denuncias de las víctimas de una encuesta representativa a nivel nacional llevada a cabo a un total de 791 jóvenes de 10 a 20 años (51% mujeres). La presencia de los y las bystander fue una realidad común en el 80% de los incidentes analizados, entre todos los tipos de acoso.

Según afirman las autoras, y en contraste con investigaciones anteriores sobre el tema, este estudio encontró que las conductas de apoyo de las personas bystanders ocurrieron en porcentajes relativamente altos. Desafortunadamente, los comportamientos antagónicos de los y las bystanders, aunque fueron los menos comunes, sí que demostraron predecir un mayor impacto negativo para la víctima. Un 76% de las víctimas manifestó haber contado el acoso a personas de su confianza, que son por tanto las que desempeñan un papel importante como bystanders secundarios. Los y las adolescentes encuestados para el estudio afirmaron que, si bien los amigos y amigas eran sus confidentes más comunes, los incidentes también habían sido revelados a adultos (en un 60% de los casos), con resultados y respuestas mayormente positivos.

Los hallazgos sugieren que los programas de prevención podrían aumentar su impacto al dirigir la educación tanto a los testigos directos como a los confidentes, y al considerar una variedad más amplia de tipos de incidentes de victimización entre iguales.

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