Entre las múltiples ventajas que tiene estar al día de los últimos avances de la ciencia está el de conocer los últimos descubrimientos que se han llevado a cabo por la investigación. Por ejemplo, lo que hace 50 años era incurable, ahora tiene cura o lo que antes era una enfermedad resulta que no lo es, debido a los métodos científicos cada vez más rigurosos. 

En esta misma línea está la ludopatía. En 1980, la ludopatía se definía como un problema de control de impulsos y fue a partir los noventa que el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (el manual oficial de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría) la incluyó como trastorno de adicción. La OMS la reconocía en 1992 como un “trastorno genuino, diagnosticable y tratable”, aunque se desconocía qué lo provocaba. Algunos expertos y expertas asociaban algunos de los motivos a causas genéticas, pero desde el punto de vista de otros y otras profesionales, eso era ir a lo fácil y había que indagar más en las posibles causas. Recientemente, en un estudio de la Universidad de Iowa (EE. UU.) se confirmaba que el juego patológico es genético, concluyendo que los familiares de primer grado de los jugadores patológicos tienen ocho veces más probabilidades de desarrollar este problema en su vida que los familiares de personas sin juego patológico.

Siguiendo este hilo, que la ludopatía tiene un componente genético, hay tres posibles mecanismos que podrían intervenir y causarla: 1) la serotonina, un neurotransmisor relacionado con el control de los impulsos; en muchos jugadores/as compulsivos, se ha detectado un déficit de producción o un fallo en su recepción por parte de áreas del cerebro. 2) un déficit de noradrenalina haría que la persona necesite un estímulo de excitación del sistema nervioso y esta lo acabaría encontrando entre los juegos de azar. 3) la dopamina, la hormona y el sistema de recompensa y el placer, cuyo déficit haría que una persona acabe compensando esta falta delante de un juego de azar.

Aún así, hay expertos que consideran que “culpar” únicamente a los genes de este trastorno seguiría siendo muy simplista, según el psicólogo Eparquio Delgado, del Centro Psicológico Rayuela. Aunque se ha estudiado la correlación entre la ludopatía y la genética, eso no implica que sea la causa. La revista CNS Spectrums del Cambridge University Press, publicaba en 2014 el artículo The Molecular Genetics of Pathological Gambling [La genética molecular del juego patológico], en la misma línea de este otro del 2013, Pathological Choice: The Neuroscience of Gambling and Gambling Addiction [Elección patológica: la neurociencia del juego y la adicción al juego]

La genética puede ser que juegue un papel importante, pero hay otras razones, de componente social, que tienen efectos en este tipo de trastorno: facilidad de acceder a juegos de apuestas online, crear una necesidad de comprar lotería en épocas concretas del año o la promoción de juegos con caras conocidas del deporte, entre otras. Según el último informe publicado por la Universidad Carlos III de Madrid y la Fundación CODERE, la adicción a los juegos se da más en hombres (61,1%) que en mujeres(38,9%) en caso de acudir a un casino, por ejemplo.

Aunque queda mucha investigación por realizar y establecer cómo se podría prevenir caer en este trastorno, es importante saber que la ciencia trabaja en ello, para elucidar todos los posibles factores que provocan el comportamiento ludópata y así, informándonos, poder, entre todos y todas, reducir las altas cifras de personas adictas al juego.

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