La importancia de la alimentación en la salud física y el bienestar de las personas es ampliamente conocida. Un estudio de la University of Massachussets Lowell aporta nuevas evidencias sobre el efecto de la alimentación en la salud cerebral de niños y niñas. Concretamente, dicho estudio analiza el efecto del omega-3 en los comportamientos y actitudes violentas de niños y niñas.

El omega-3 constituye un grupo de ácidos grasos poliinsaturados que se encuentran especialmente en algunos pescados y mariscos como el salmón, la sardina o las ostras y en algunas fuentes de origen vegetal como las nueces, linaza o aceite de soja. Entre los ya conocidos beneficios del omega-3 estaban la mejora de la salud cardiovascular y cerebral y este estudio ha añadido evidencias de mejoras en el comportamiento disruptivo de niños y niñas, reduciendo de forma efectiva los comportamientos antisociales y abusivos.

Con esta investigación se añade un nuevo campo de estudio a los efectos del omega-3 en la salud del cerebro y en cómo a través de la alimentación y los suplementos nutricionales se puede actuar sobre los comportamientos disruptivos obteniendo beneficios a largo plazo no solo en la salud y el bienestar de los niños y niñas sino también en las relaciones familiares en conjunto. Tal como afirma la investigadora del UMass Lowell’s School of Criminology and Justice Studies que ha llevado a cabo este estudio, Jill Portnoy “la biología y el entorno social interactúan de formas complejas que estamos empezando a descubrir. Antes de que podamos diseñar intervenciones efectivas, tenemos que hacer una investigación para comprender lo que está sucediendo”. El objetivo de este estudio, publicado en Aggressive Behavior, es estudiar y determinar formas efectivas de intervención antes de que los comportamientos anti-sociales se conviertan en crímenes para diseñar formas de intervención social no centradas únicamente en los autores de los crímenes, sino enfocadas a “enseñar a las personas formas más saludables de adaptarse al estrés”.