El sábado 7 de abril, en Madrid, tuvo lugar la segunda jornada de la I Cumbre Mundial contra la violencia en el deporte, de la que destacaríamos el concepto de Safeguards o salvaguardias en el deporte. Este concepto reciente se está extendiendo a nivel internacional y se refiere a aquellas acciones que se llevan a cabo en los distintos clubs, organizaciones o instituciones deportivas para asegurar que todos los niños y niñas disfruten del deporte seguro y en un entorno de violencia 0. 

En esta línea, Liz Twyford, una de las panelistas del Congreso, explicó que un grupo de organizaciones que participaron en el Beyond Sport Summit de Londres en 2012, desarrollaron un conjunto de normas o salvaguardias internacionales para proteger la seguridad de la infancia en el deporte, teniendo en cuenta un lenguaje y unos estándares que funcionaran en cualquier momento y lugar. De las colaboraciones con 60 organizaciones, salió a la luz en 2016 una guía traducida en trece idiomas, para ayudar a poner en práctica estas ocho salvaguardias y llevarlas allí donde los niños y las niñas estén.

Las salvaguardias son: desarrollo de una normativa propia; desarrollo de un procedimiento de respuesta en caso de detección o duda; asesoramiento y apoyo; minimizar el riesgo para el menor; realización de guías de conducta; contratación, formación y comunicación; colaboración con otras organizaciones, y monitorización y evaluación. Tal y como planteó Twyford, ahora el reto está en cómo hacer llegar este mensaje a todos los lugares del mundo.

Respecto a este tema, pudimos realizarle una entrevista y preguntarle cómo extender esta idea incluso entre aquellas personas que trabajamos en otros espacios no deportivos como centros educativos, universidades, ayuntamientos, etc. para, a nivel comunitario, acabar con esta lacra. Su respuesta fue encaminada hacia un cambio de cultura y hacia la importancia de dar voz a los niños y niñas escuchándolos:

Liz Twyford (Foto: Sara Carbonell)

Creo que lo más importante es crear una cultura donde seamos muy sensibles con la infancia en todos los aspectos de la vida. Tienen su propia voz y una idea de lo que les ocurre. No hay soluciones rápidas ni términos medios en cuanto a lograr un cambio cultural. Se trata de que toda organización que trabaja para la salvaguarda de los niños piense en ellos con sentido, en cada una de las decisiones que tome, poniendo como centro los niños y las niñas, que sean 

ellos y ellas quienes aporten sus ideas, que den sus propios horarios de entrenamiento, por ejemplo, que tenga sentido, que los propios niños sean parte de la estructura de las organizaciones. Al hacer esto, empezamos a cambiar la cultura porque escuchas la voz de los niños y niñas, la información viene de ellos de primera mano y a medida que empieza a ocurrir el cambio cultural la probabilidad de que ocurra la violencia también disminuye, cambia porque todo el mundo está ahí para la salvaguarda de los niños y lo que quiere es aquello que los niños necesitan y este cambio resulta fundamental. También creo que en el deporte hay una cultura que hay que poner en tela de juicio, mucha gente habla de la cultura de ganar a toda costa y hay que poner esa cultura en tela de juicio y no es ganar a toda costa, es crear atletas, crear seres humanos mejores, crear atletas mejores.

Su compañero, Daniel Rhin, de la Universidad de Brunel, explicó que, cuando se empieza a hablar de las salvaguardias, empiezan a salir más casos de abusos y, aunque hay personas que erróneamente piensan que por hablar más de ello pasa más, Rhin aclaró que lo que ocurre es que se identifica lo que antes no se identificaba y que el objetivo es detectar los casos lo antes posible. 

Otra de las participantes de la Cumbre a la que tuvimos oportunidad de entrevistar fue la estadounidense Malia Arrington, que nos quiso transmitir un mensaje con mucha fuerza y esperanza para todas las mujeres, que no queremos dejar de compartir: “Lo que sí que hay que decirle a una víctima es No estás sola, hay gente que se preocupa por ti, tenemos gente que está contigo y te va a ayudar. Cuando estás en una posición en que te atreves a hablar y poner tu voz para contar lo que ocurre hay gente que te vamos a ayudar”.

En esta jornada, también se lanzaron mensajes para las familias, que desean que sus hijos e hijas disfruten del deporte de forma saludable, divertida y segura. Aquí, Gloria Viseras presentó en su comunicación la asociación Oro, Plata y Bronce, y compartió la necesidad de animar a las familias a que participen en los clubes, que les dejen entrar, porque todavía hay algunos en España que prohíben que entren las familias en las zonas de entrenamiento. “Hay que dejar que entren”, decía. También explicó que la ley en nuestro país está cambiando, ya que hasta ahora no tiene ningún párrafo en el que se hable de la protección a no ser que se refiera al dopaje. En sus palabras había ilusión y esperanza, pues han podido enviar sus propuestas y recomendaciones para que se tengan en cuenta en la nueva propuesta de ley que se está elaborando.

Todas y todos podemos contribuir de alguna forma a dar a conocer estas salvaguardias internacionales allá donde nos encontremos e incluso, por qué no, trasladar la idea a nuestros contextos laborales o de ocio, ya que consensuar unas normas que garanticen relaciones libres de violencia hará de todos los espacios en que participemos, lugares libres, seguros y divertidos.  

Malia Arrington (Foto: Sara Carbonell)

También podemos, como familiares, compartir con los clubs deportivos esta información para hacer de ellos mejores lugares y, sobre todo, lugares donde se fomente una cultura del deporte que no vaya desligada de los mejores valores, ofreciendo los mejores modelos para que en un futuro, cuando crezcan, se conviertan en gente buena y valiente como las que ahora les ayudan a ellos.

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