Durante una actividad rutinaria, Carlos se acercó por detrás a Susana y colocó sus brazos alrededor de sus hombros sin que ella lo autorizara. Lo hizo delante de varias becarias, que observaron la escena sin comprender qué estaba ocurriendo. Susana, sorprendida y descolocada, apenas acertó a decir que estaban trabajando. Más tarde, aún con la incomodidad presente, decidió enviarle un mensaje escrito: dejó claro que ese contacto no había sido consentido y que no debía repetirse.
La respuesta de Carlos no incluyó una disculpa inequívoca, ya que evitó reconocer lo sucedido y desvió la conversación hacia cuestiones irrelevantes. Su supuesto arrepentimiento no se refería a haber actuado sin consentimiento, sino a cómo ella lo había interpretado. Pero la diferencia sustancial —y la única que realmente importa— es el consentimiento. Un contacto físico puede pasar desapercibido para quien lo realiza sin pensar, pero resultar profundamente invasivo para quien lo recibe sin haberlo deseado.
Ante esta situación, Susana eligió no permanecer en silencio. Porque cuando hablar de un hecho no consentido provoca reproches, minimizaciones o culpabilizaciones, se entiende por qué tantas mujeres deciden callar. Una compañera, al conocer el caso, propuso una mediación; Carlos insistió varias veces en “aclararlo hablando”, como si se tratara de un malentendido entre iguales. Sin embargo, la evidencia científica internacional es clara: cuando se vulnera el consentimiento, la mediación está contraindicada. No es una confusión comunicativa; es una vulneración que debe ser reconocida y afrontada con responsabilidad.
Aun así, hubo personas que se posicionaron del lado de Susana y se guiaron por las evidencias científicas con impacto social, no por opiniones o relativizaciones. Gracias a ello, fue posible protegerla y avanzar hacia un entorno en el que nadie tenga que justificar por qué algo no deseado es inaceptable. La intervención adecuada permitió que Susana ya no tema que algo similar vuelva a ocurrir con Carlos.
La evidencia científica es contundente: lo que determina si una acción física es aceptable no es la parte del cuerpo involucrada, sino la existencia o ausencia de consentimiento.
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Primera víctima en ganar un caso en las universidades españolas. Coordinadora del Metoo University.
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