España tiene un bajo Índice de Cohesión Social y se sitúa el séptimo país por la cola, informa Europa Press. Según Ipsos, que ha desarrollado el estudio mediante una encuesta a 20.000 personas de 27 países, la cohesión social es un elemento clave para la estabilidad y la economía de un país, especialmente en tiempos como los que estamos viviendo, que requieren de la unión ciudadana para enfrentarse y superar la pandemia con éxito. En estos momentos este Índice se sitúa en el -41%
Para elaborar el Índice de Cohesión Social (ISCI), Ipsos ha evaluado tres subíndices: ‘Relaciones sociales’, compuesto por ‘Confianza en los demás’ con un peso del 17%, ‘Compartir prioridades’ (15%) y ‘Diversidad’ (32%), factor con mayor importancia para los ciudadanos, coincidiendo con la visión de los españoles (31%); ‘Conexión‘ formado por la ‘Identidad’, que también cuenta con la mayor importancia (45%), y que también lo es para los ciudadanos a nivel global en el mismo porcentaje que para los españoles (33%), así como ‘Confianza en el sistema’ (14%) y ‘Equidad’ (21%) y por último ‘Bien común’, en el que se incluyen la ‘Ayuda a los demás’ (28%), el ‘Respeto por las leyes/normas’ (39%), que se posiciona como prioritario a nivel mundial, en lo que coinciden también los españoles (42%), y la ‘Corrupción’ (9%).
Según este informe, España en cada una de estas tres variables saca un índice negativo, siendo el más pronunciado el de la parte de ‘Bien común’ con un -26%. Según el director de Public Affairs de Ipsos en España, Vicente Castellanos, la pandemia ha impactado negativamente en la cohesión social a nivel global a medida que la crisis sanitaria se ha ido alargando y las restricciones se han endurecido. Según él, la tendencia fue positiva al inicio de la pandemia para hacer frente al enemigo común, actuando con solidaridad y responsabilidad social, pero actualmente esta tendencia se ve invertida con el incremento de la agitación social.
Sin embargo, es importante visibilizar las iniciativas sociales e institucionales que apuntan en la dirección contraria, es decir, que están promoviendo acciones solidarias con la mira puesta en el bien común, para poder inspirarnos y no caer en el pesimismo que lleva en ocasiones a la inmovilidad pensando que “nada se puede hacer para cambiar las cosas”.
Un ejemplo de ello es el proyecto Solidus de la Unión Europea, que tiene como objetivo analizar en profundidad los actos de solidaridad que se están desarrollando en Europa, en qué medida responden a procesos dialógicos e inclusivos, los resultados relacionados y los desarrollos políticos. Este proyecto parte de hallazgos anteriores sobre acciones exitosas que luchan contra la crisis, creando empleo o mejorando el acceso a la salud, a través de actos de solidaridad. Aunque el proyecto en sí finalizó, su trabajo continúa difundiendo los resultados de las buenas prácticas con el fin de lograr repercusiones sociales y políticas.
Otro ejemplo son las escuelas Comunidades de Aprendizaje y que siguen impulsando en estos momentos actuaciones comunitarias y solidarias para mejorar la vida de los niños y niñas y sus comunidades. El 6 de noviembre, sin ir más lejos, tuvo lugar un webinar en el marco europeo que se centró en cómo algunas de estas escuelas siguen involucrando a las familias en acciones educativas exitosas para mejorar el aprendizaje y el desarrollo social y emocional de los estudiantes simultáneamente en tiempos COVID. Estas acciones son cruciales para contrarrestar los datos anteriores, ya que sabemos que involucrar a las familias y a las comunidades y hacerlas participar en interacciones significativas con las escuelas es esencial para lograr la inclusión educativa y la cohesión social.
Otro movimiento social que está contribuyendo a crear una mayor solidaridad en pro del bien común es el promovido por la red de asociaciones educativas basadas en evidencias que hay en nuestro país (Associació de Professorat ODISSEA, Adarra, Asturias AEBE, AProCAM Madrid, AEBE Cantabria e IRIS AEBE) a través de un espacio virtual mensual abierto a la ciudadanía, donde se leen y debaten evidencias científicas para ayudar a las escuelas a afrontar con éxito los nuevos retos COVID-19. Este martes 17 de noviembre será la tercera tertulia pedagógica dialógica sobre la prevención del abuso sexual infantil en tiempos COVID-19.
Todas estas actuaciones que reman en la dirección contraria a la tendencia general son extrapolables a cualquier contexto porque tienen una sólida base científica. Dar la espalda a la ciencia en el ámbito social y educativo nos lleva a dar la espalda al avance y a la mejora de la humanidad. Una vez más, estos ejemplos nos dan esperanza y demuestran que es posible seguir avanzando con los mejores sentimientos humanos en estos tiempos de crisis.
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