Cuesta creerlo, pero es así. En el año 2008 había más mujeres en cargos de dirección que actualmente. Doce años después de la gran crisis económica, se comprueba que la recesión se llevó por delante la presencia femenina en los órganos directivos, que por entonces ya era escasa. Cabe preguntarse qué ocurrirá con la crisis económica ocasionada por el coronavirus.

Lejos de especular, aun rechazando malos augurios, no es posible ignorar que a principios del año 2020 solo un 16,4% de los puestos directivos españoles eran ocupados por mujeres. Así lo certifica el informe Talento femenino 2020. Diferencias salariales y cuota de presencia femenina elaborado conjuntamente por ICSA Grupo y Eada Business School. Si retrocedemos al 2008, se observa que la cifra alcanzaba un 19,5%. Desalentador también, pero menos. 

¿Por qué el inmenso talento de las estudiantes en la Universidad no se traduce más tarde en su justa medida? Tanto o más valiosas que sus colegas masculinos, una vez lanzadas al mercado laboral muchas se invisibilizan, son relegadas, se rezagan voluntariamente entregadas a otras motivaciones, normalmente de cariz sentimental o familiar. Queda un largo camino que recorrer en la equiparación profesional/salarial/emocional de las mujeres respecto de los hombres. Los datos hablan por sí mismos, no solo en cuanto al escalafón sino en la remuneración, con una brecha salarial que alcanza el 15,9% al día de hoy, todavía peor que el 11,9% que se sufría en 2008. 

Cuando se haya logrado la superación de la COVID-19, las delicadas uñas femeninas tendrán que arañar sin titubeos. Mostrando su valía y exigiendo sus derechos con mayor contundencia que hasta el momento.

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