Una joven ha presentado una denuncia en la Jefatura Superior de Policía de Extremadura, que actualmente se encuentra investigando el caso, al perder el conocimiento durante varias horas tras una comida suministrada en un restaurante de Badajoz. 

Según los datos de la denuncia, tanto la joven como su amiga, las únicas que ingirieron la misma bebida, tuvieron los mismos síntomas de mareos y pérdida del conocimiento poco después de abandonar el establecimiento. Preocupadas, acudieron a realizarse exámenes médicos que revelaron un alto nivel de benzodiacepina en sangre. Este medicamento es psicotrópico y tiene efectos amnésicos y sedantes, entre otros. Por ello hay numerosos casos en los que se ha demostrado que esta medicación fue utilizada para agresiones y robos.

Aún faltan por conocer los resultados de la investigación para esclarecer los hechos. Si se confirmasen las sospechas de las jóvenes, sería otro caso de los múltiples ya existentes en los que se droga a mujeres para, en la mayoría de ellos, poder abusar con mayor facilidad y garantías de impunidad. 

Además de la benzodiacepina hay otras sustancias comunes en este tipo de delitos, una de las más conocidas es la burundanga. La Policía alerta de que esta implica aún más riesgos y daños pues la víctima, al estar inconsciente no ofrece resistencia, por lo cual no hay señales de violencia y, por tanto, falta de pruebas. A esto se añade que este tipo de sustancias se diluye rápidamente en la sangre. Todo ello incrementa el cuestionamiento y la revictimización de las mujeres ya que en muchos casos ni siquiera se puede identificar al agresor.  

Para protegernos y frenar a los agresores hay un factor fundamental. La doctora que atendió a las chicas de Extremadura señaló, según Hoy¸ qué era lo que las había “salvado”: las interacciones y el grupo que las protegió y cuidó de que llegarán a salvo a casa. 

Por ello, desde diferentes medios y entidades instan a que, ante la sospecha o síntoma de que has podido ser drogada, acudas al instante a tus personas de confianza, por lo que es fundamental rodearse de amistades de calidad que no juzguen y sean capaces de actuar.  Y, además, realizar una analítica lo más rápido posible. 

Por supuesto, no sólo es responsabilidad del grupo de iguales, sino de todas las personas que podamos ser testigos aunque no tengamos relación con la víctima. La solidaridad en los espacios de ocio es fundamental para salvar de estas agresiones. Por tanto, callar o no socorrer implica ser cómplice de ellas. Como en todas las formas de violencia sexual, se necesita de personas valientes que sean capaces de posicionarse, ayudar y defender ante este tipo de agresiones que son una de las formas más explícitas de cobardía y misoginia.

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