Frecuentemente aparecen nuevas películas destinadas a  adolescentes donde el amor y la sexualidad son los protagonistas. Películas que contribuyen a la socialización en las relaciones afectivo-sexuales y que promueven relaciones alejadas o cercanas a la violencia.

Son películas que más allá de su calidad cinematográfica tienen esa capacidad de “enganchar” a las y los adolescentes que proyectan en ellas en sus relaciones. Varias  investigaciones científicas (2019, 2013) nos muestran cómo socialmente se transmite de forma mayoritaria que aquellos modelos de personas y relaciones que son violentas y/o conflictivas y/o problemáticas son más atractivas y excitantes y que aquellas personas con comportamientos dialogantes y no violentos son convenientes pero no atractivas.

Estos mensajes influencian en los procesos de socialización de muchas chicas en el inicio de sus relaciones afectivo-sexuales. Este discurso coercitivo dominante que promueve la atracción a la violencia está presente en muchas de estas películas de adolescentes. Recientemente hemos contado con el éxito de taquilla de AFTER con una recaudación de más de 69 millones de dólares , película que promueve explícitamente que “lo bueno es aburrido” y que lo excitante se alcanza “con un chico malo”.

Pero también encontramos este mismo año películas que reúnen todos los ingredientes típicos para “enganchar” a los adolescentes como son: amor a primera vista, pasión y deseo, jóvenes que se rebelan contra sus progenitores, etc. y que al mismo tiempo atacan directamente a este discurso coercitivo dominante.

En junio de 2019 en España se estrenó la película “El sol también es una estrella” donde a Natasha, una adolescente jamaicana, y a su familia les quedan 24 horas para ser deportados a su país. Y en esa cuenta atrás conoce a Daniel, hijo de unos inmigrantes coreanos que se debate entre lo que él desea hacer y a lo que su familia quiere que se dedique. Los protagonistas se enamoran perdidamente rodeados de circunstancias adversas; lo fácil sería centrarse en los problemas que “les acosan” pero tienen claro que no desperdiciarán ni un segundo del tiempo que pueden disfrutar juntos.

Existiendo opciones, no vale la pena desperdiciar nuestras vidas interiorizando los mensajes de películas que promueven el discurso dominante coercitivo y que nos encaminan hacia la violencia de género; porque, como dice la protagonista, Natasha, de El Sol también es una estrella: “Comparados con la edad del universo, nuestras vidas duran un solo día”.

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