La Orquesta de Filadelfia, un día después de la aparición en prensa de las acusaciones a Plácido Domingo, suspendió una actuación programada para el próximo 18 de septiembre. Posteriormente, la Ópera de Los Ángeles, donde Domingo ha sido director general desde 2003, se ha pronunciado comprometiéndose a abrir una investigación. Seguidamente, la Ópera Metropolitana de Nueva York y la Ópera de San Francisco se han posicionado a la espera de los resultados de la investigación. 

A diferencia de los claros posicionamientos de las instituciones americanas, distintas han sido las respuestas por parte de instituciones europeas o españolas. La organización del Salzburg Festival en Austria mantiene programada su actuación. Del mismo modo, el Palau de les Arts de Valencia, que tiene una promoción de artistas que lleva su nombre y en la cabecera de su programación hay una actuación de Domingo, manifestó en un comunicado el pasado día 13 que mantendría la presunción de inocencia del artista y actuaría una vez exista una resolución del caso.

La diferencia en la determinación y la contundencia entre ambos sitios no es casual en este caso concreto, sino que se da también en otros casos y en otros contextos como consecuencia de las reacciones y la lucha contra la violencia de género que se ha dado históricamente en ambos. Si nos fijamos en el contexto universitario, por ejemplo, la investigadora de la Universidad de Deusto, Dra. Ana Vidu, ha realizado una tesis doctoral de mucho impacto internacional comparando las actitudes y actuaciones que se dan en Berkeley y en la Universidad de Barcelona.      

La primera denuncia de gran repercusión pública en las universidades de USA fue en Berkeley y el proceso que han seguido desde entonces tiene como consecuencia que su prestigio se basa en que reconoce que tiene el problema, en haber roto el silencio con un debate público y en un apoyo contundente a las víctimas de los acosos de primer y segundo orden, es decir, a quienes reciben directamente el acoso sexual y a quienes reciben calumnias y otros ataques por haberlas apoyado. Esta realidad en el caso estadunidense puede trasladarse a cualquier contexto, resaltando entre otras la reconocida campaña del Presidente Obama “It’s On Us”  que pretendía desarrollar medidas eficientes para terminar con el acoso en los campus en 2014, o los inicios del debate sobre el consentimiento sexual con la campaña “No means no” iniciada en la primera década del 2000 en Estados Unidos. 

Treinta y dos años después se dio la primera denuncia en las universidades españolas que generó un gran debate público local e internacional. La reacción dominante fue considerar que eso desprestigiaba a la institución universitaria y recorrieron los pasillos y despachos todo tipo de ataques y mentiras sobre la primera denunciante y quienes la apoyaron. La mayoría de las barreras que marcan este abismo se basan en el acoso sexual de segundo orden que se ejerce contra las personas que se solidarizan con las víctimas y la falta de apoyo social e institucional acorde con los protocolos que ya se están desarrollando. 

Aunque durante los últimos años se ha avanzado mucho en las reivindicaciones del movimiento feminista y la inclusión de todas las voces, es necesario que las intenciones vayan acordes con las actuaciones para promover espacios libres de violencia, indistintamente de quien sea el agresor. 

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