Rosalyn Yalow

En muchas oficinas puede verse colgado en la pared, en cualquier marco, en cualquier soporte un aforismo que reza: “Sea lo que sea que haga una mujer debe hacerlo el doble de bien que un hombre para que sea considerada la mitad de buena”. Máxima tan cierta como deplorable que brilla espléndida en despachos donde trabajan mujeres y que en ocasiones lleva firma, la de Rosalyn Yalow, aunque más a menudo carece de ella. Lo más común, en cualquier caso, es que se ignore quien fue la autora de tan incuestionable diagnóstico.

Justo el pasado 30 de mayo se cumplieron 8 años del fallecimiento de Rosalyn Sussman Yalow, judía, científica y feminista. Le fue concedido el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1977, siendo la segunda mujer en obtenerlo, tras Gerty Theresa Cori, galardonada treinta años antes, en 1947. El trabajo de Yalow en radioinmunoanálisis condujo a grandes progresos en endocrinología, significando en especial un avance en el estudio y tratamiento de la diabetes.

A tenor de su axioma, es muy posible que siempre tuviera que trabajar el doble que sus colegas, y además hacerlo el doble de bien. No cabe duda de que sin la inteligencia y el esfuerzo de las mujeres el mundo habría avanzado menos, debiendo lamentar que en tantas ocasiones a lo largo del tiempo se las haya mantenido al margen, excluido, menospreciado. En ciencia, en humanidades, en aptitudes corrientes, en indispensables tareas cotidianas. Valga rememorar que a mediados del siglo XX aún se cuestionaba algo tan simple como la capacidad de las mujeres para conducir un automóvil. La desconfianza y las burlas debieron ser vencidas por mujeres animosas dispuestas a demostrar que no atropellarían a nadie ni tendrían más accidentes que los hombres.

Rosalyn Sussman Yalow, madre de dos hijos y primera mujer judía que recibió un Nobel de Ciencia, murió a los 89 años de edad. Longeva, fructífera y alentadora existencia la suya.

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