Este miércoles moría apuñalado presuntamente por su padre un adolescente cuando se interponía para proteger a su madre a quien pretendía asesinar. Según se investiga, esto sucedía en el mismo día que madre e hijo volvían a casa un día después de haber huido tras una pelea con su padre. Ahora la madre se encuentra gravemente herida en el hospital y su hijo está muerto, también el padre, que se suicidó tirándose por el balcón tras el presunto asesinato. Se trata de otra muerte por motivo de la violencia de género en que las víctimas son el hijo del padre agresor y la madre, víctima directa de la violencia de género. El vecindario y amigos narran que Ismael, el hijo, era un chico con muy buen carácter y que “siempre estaba pendiente de ella”, ahora se sabe que era para proteger a su madre de la violencia que ejercía su padre sobre ella.

Analizar estos hechos nos ayuda a visibilizar algo muy importante para la superación de la violencia de género, y que solo podremos comprender con estudios rigurosos, lo cual es clave para conseguir transformar esta cruel realidad. Si contamos con los resultados publicados por Ramón Flecha, Lidia Puigvert y Oriol Ríos en RIMCIS International Multidisciplinari Journal of Social Science, existen diferentes maneras de vivir la masculinidad en relación con su contribución, o no, a prevenir y superar de la violencia de género. Para ello, estos autores y autora presentan la siguiente clasificación de modelos ideales de masculinidad, la Masculinidad Tradicional Dominante (MTD), la Masculinidad Tradicional Oprimida (MTO) y las Nuevas Masculinidades Alternativas (NAM). Su más relevante aportación fue atribuir la violencia la género a la Masculinidad Tradicional Dominante y la Masculinidad Tradicional Oprimida, la primera por ejercerla y la segunda por favorecerla. Y la tercera, las NAM, por prevenir y superar la violencia de género, no solo por no ejercerla sino también por combatirla.

Estos estudios han permitido constatar que solo hay un patrón recurrente en todos los casos de violencia de género, y es que la persona agresora pertenece al modelo de masculinidad MTD. Y esto nos ofrece una evidencia muy importante, ser un hombre que ejerce la violencia de género no va a depender nunca de su origen cultural, religión, nivel académico, nivel socioeconómico, edad o ser hijo de un maltratador, no. Depende de ejercer la masculinidad dentro de los parámetros del modelo de Masculinidad Tradicional Dominante.

Reconocer esta manera de vivir la masculinidad, la MTD, que implica ejercer la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus formas, ya sea a través del dominio, el desprecio, la humillación, el engaño… es importante para la superación de la violencia de género. Al igual que lo es que unánimemente la sociedad rechacemos a estas personas, al mismo tiempo que dejemos de elegirlas para tener una relación, ya sea estable o esporádica, pero también dejemos de desearlas. Y además, defender siempre que es una ocurrencia, y muy injusto, afirmar que por ser hijo de un maltratador se está determinado a ejercer la violencia de género, siendo este un caso más de todo lo contrario como muchos otros.

Como decía Jesús Gómez (2004), la socialización que llevamos a cuestas nos puede condicionar pero no nos determina, ya que seremos siempre cada una y uno de nosotras y nosotros quienes tendremos la última palabra para decidir, si queremos dejarnos llevar por la violencia, o apostar por un mundo libre de violencia de cualquier tipo. Y por supuesto, desde las escuelas, y ya desde las primeras edades, podemos hacer mucho.

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