Una investigación publicada el 5 de octubre de 2026 en Journal of the History of Biology aporta nuevas evidencias para corregir una injusticia histórica en el reconocimiento de las contribuciones científicas de Rosalind Franklin. Durante décadas se ha difundido el relato de que la científica británica obtuvo imágenes fundamentales para descubrir la estructura del ADN, pero no fue capaz de comprender su significado. Las nuevas pruebas cuestionan directamente esa interpretación y permiten reconstruir con mayor precisión su protagonismo intelectual.
Los historiadores Alistair Sponsel y Brian Sutton han reconstruido los experimentos realizados por Franklin y su estudiante Raymond Gosling en el King’s College de Londres mediante el análisis de cuadernos de laboratorio, negativos fotográficos, instrumentos originales y documentación científica de la época. Su estudio, publicado en acceso abierto por Springer Nature, muestra que la fotografía 49, obtenida el 2 de mayo de 1952, ya permitió a Franklin calcular parámetros esenciales de la forma B del ADN, entre ellos una periodicidad de 34 ángstroms y aproximadamente diez niveles de bases por vuelta helicoidal. Este resultado es especialmente relevante porque demuestra que Franklin no se limitaba a producir imágenes experimentales que otras personas interpretarían posteriormente. Participaba activamente en la construcción del conocimiento científico, comprendía el significado de sus observaciones y desarrollaba análisis fundamentales para identificar la organización helicoidal del ADN.
La célebre fotografía 51, obtenida posteriormente, no fue, por tanto, un descubrimiento accidental cuyo significado pasó inadvertido a su autora. Según la reconstrucción histórica difundida también por el Science History Institute, Franklin decidió perfeccionar los resultados previos para corregir problemas de encuadre y disponer de una imagen de mayor calidad, adecuada para su publicación científica.
Superar la desinformación histórica y la invisibilización de las mujeres científicas
La importancia de esta investigación trasciende la reconstrucción de un experimento. Sus resultados contribuyen a corregir una narrativa histórica que durante décadas ha minimizado el conocimiento y la capacidad científica de Franklin.
Una parte importante de esa interpretación fue popularizada por James Watson en su libro La doble hélice (1968), en el que presentó una imagen de Franklin que contribuyó a consolidar la percepción de que no había sabido reconocer la trascendencia de sus propios datos. Esta representación ya había sido cuestionada en un análisis histórico publicado en Nature en 2023 por Matthew Cobb y Nathaniel Comfort, que recuperó documentación sobre la participación intelectual de Franklin en el descubrimiento.
La nueva investigación aporta evidencia documental que contradice esa representación. No se trata únicamente de recuperar el nombre de una mujer científica que había recibido un reconocimiento insuficiente, sino de corregir información históricamente inexacta sobre lo que realmente sabía, investigaba y había logrado demostrar. Esta distinción es fundamental. La invisibilización de las mujeres en la historia de la ciencia no siempre se produce mediante la eliminación de sus nombres de los relatos históricos. También puede manifestarse cuando se reconocen sus contribuciones experimentales, pero se minimiza su capacidad intelectual, se atribuye a otras personas la interpretación de sus resultados o se reproducen versiones que no se corresponden con la evidencia disponible.
El caso de Franklin muestra por qué es necesario contrastar las narrativas históricas con fuentes primarias y revisar críticamente las interpretaciones que se han transmitido durante generaciones. También permite comprender cómo un relato erróneo, cuando se reproduce en libros, medios de comunicación y materiales educativos, puede consolidarse como una verdad aparentemente incuestionable. El avance también invita a reflexionar sobre la responsabilidad del periodismo, de las instituciones científicas y de los sistemas educativos en la reproducción o corrección de información históricamente inexacta. Cuando aparecen nuevas evidencias, actualizar el conocimiento público no es simplemente una opción divulgativa, sino una responsabilidad vinculada al rigor científico y al derecho de la ciudadanía a recibir información veraz.
La investigación demuestra, una vez más, que revisar críticamente la historia de la ciencia no consiste en reescribir el pasado desde el presente, sino en comprenderlo mejor a partir de las evidencias. Y cuando esas evidencias permiten superar la invisibilización de una mujer científica, su recuperación también contribuye a construir una ciencia más rigurosa y fiel a la verdad, además de superar dicha desigualdad.
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