Varios medios se han hecho eco de la reciente visibilización de fallas estructurales en el ámbito de la atención infantil australiana de las que se sirven los depredadores a la hora de cometer abusos sexuales. Según la noticia Beyond postcodes: Making childcare safety a national standard publicada por Women’s Agenda, sólo en el estado de Nueva Gales del Sur se registraron más de 150 trabajadores de centros de cuidado infantil que han sido acusados o detenidos por abusos (abuso sexual infantil, ASI) 

El artículo cita que investigadores de la University of New South Wales (UNSW) encontraron que quienes habían cometido los abusos a menudo eran empleados en contextos de infancia, valorados socialmente y aparentemente, estables. Aunque no siempre sea así, en muchas ocasiones, el agresor sexual infantil se suele aprovechar de la cercanía, la confianza y/o la rutina de la institución o centro donde se encuentran las y los menores. Tal y como dice el artículo de Women’s Agenda los bebés y las y los niños pequeños son vulnerables y los abusadores lo saben y se centra en los fallos, vacíos y/o aspectos mejorables del sistema como por ejemplo el número elevado de rotación del personal, la falta de una formación especializada o de supervisión, ya que estas carencias se unen al conjunto de circunstancias que aumentan el riesgo y favorecen el ASI. 

En este sentido y desde una óptica de género, existen algunas medidas concretas que se pueden implementar de inmediato y que si bien, por sí mismas, no evitarán que ocurra, si trabajan a favor de la creación de espacios más seguros y preventivos: 

  • Una supervisión constante. Ningún menor debe quedarse a solas con un adulto en un espacio cerrado sin que nadie más pueda ver lo que allí ocurre o el tiempo de aislamiento sea muy limitado o palabras textuales del artículo publicado por Women’s Agenda, constant line-of-sight supervision so that no child is ever alone with one adult. 

  • Diseño de espacios seguros. Ambientes físicos en los que sea difícil que un adulto quede fuera del campo visual del resto de personas y en el que los desplazamientos, salas, puertas, ventanas permitan visibilidad y control. 

  • Formación obligatoria sobre grooming y violaciones de los límites. Personal educador, monitorado, personal de cuidado en general deben recibir capacitación que no sea simbólica sino eficaz con el fin, entre otros, de que sepan reconocer las señales tempranas de abuso, manipulación y transgresión de límites. 

  • Protección de denunciantes y canales independientes. Garantizar que las víctimas tengan protección y las instituciones no silencien los avisos revictimizándolas sino que haya una supervisión independiente. El artículo sugiere la creación de un órgano nacional con poder legislativo sancionador. 

  • Unificación nacional de estándares. Unificar las medidas de prevención, protección y sanción en todo el territorio. En este caso, Australia. 

  • Educación temprana a niñas y niños sobre el consentimiento, los límites, el derecho a la seguridad, saber poner palabras a lo que ocurre y pedir ayuda

Bebés y niños o niñas pequeños no siempre pueden hablar o recordar, lo que les hace especialmente vulnerables y, en relación a esto, la publicación afirma que muchas madres, cuando no sienten seguro el cuidado infantil salen o renuncian al mercado laboral con el impacto que este fenómeno pueda tener en el aumento de la brecha de género

El caso de Australia no es exclusivo, sino que debería ser una lección clara para todo el mundo; urge legislar, supervisar, formar en evidencias científicas de impacto social para educar desde los 0 años y prevenir así como construir espacios seguros y de protección hacia las posibles víctimas. Es necesario entender que los abusadores sexuales no siempre son “otros” aislados, sino también personas que conviven o trabajan en entornos en los que pueden acceder a tener contacto con menores y en los que pueden aprovechar la rutina y la confianza para pasar desapercibidos. La protección de la infancia es prioritaria por una cuestión de justicia social también en lo que respecta a la corresponsabilidad de género, ya que un sistema de cuidado infantil seguro contribuye a que más mujeres trabajen, estudien y lideren sin temor, construyendo a su vez sociedades más igualitarias. 

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