Mariana Pineda (detalle de un óleo de Juan Antonio Vera Calvo, 1862)

Hoy hace 188 años de una de las condenas a muerte más injustas de nuestra historia. Un 26 de mayo de 1831, Mariana Pineda fue ejecutada por su implicación con la resistencia liberal de su época. Esa es la sentencia oficial. Al negarse a delatar a sus compañeros, no le ofrecieron el indulto que le tenían preparado, y no dudaron en ejecutarla.

Pero, en la sabiduría popular, quedó en el conocimiento otro motivo. En Granada, existía otro relato; incluso el abogado de Mariana lo incluyó en su alegato y afirmó que estaba realmente acusada por “no haber accedido a pretensiones de otros sujetos” quienes “no sería extraño que se hayan propuesto llevar su resentimiento y venganza hasta el extremo de arruinarla”. El abogado se refería a Pedrosa, el jefe de la policía que tenía la potestad de condenar o indultar y al que Mariana había rechazado. También coincide en este argumento la principal biógrafa de Pineda,  Antonina Rodrigo; Pedrosa estaba obsesionado con ella tanto como hombre como político; en definitiva, desde esta perspectiva era un acosador. En algunas coplas populares se explicitaba aún más esta denuncia, como por ejemplo en los siguientes versos:

Granada triste está
Porque Mariana de Pineda
A la horca va
Porque Pedrosa y los suyos
Sus verdugos son,
Y esta ha sido su venganza
Porque Mariana de Pineda
su amor no le dio.

El modus operandi de Pedrosa sigue estando presente en los acosadores de hoy en día. Su violencia obsesiva se debe a que no soportan que existan mujeres que les digan que no, en definitiva, no soportan su libertad.  Les gustaría volver a los tiempos de Pedrosa.  Pero la ola del cambio es imparable y gracias a tantas mujeres a lo largo de la historia como Mariana, y también a hombres, claramente posicionados como el abogado que la defendió, hoy podemos disfrutar de una mayor libertad, y seguir caminando para que esta sea aún más amplia todavía.

Grandes autores, como Lorca, le dedicaron sus obras, como es la que el propio poeta escribió en 1925, “Mariana Pineda”, contribuyendo a que no quedara en el olvido y a que hoy podamos seguir recordándola.

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