La religión y la ciencia son dos campos que en muchos espacios se siguen considerando tradicionalmente enfrentados y en permanente conflicto e, incluso, durante mucho tiempo se ha asociado a las personas de ciencia con el declive de las religiones en todo el mundo. El argumento predominante es que la ciencia y la religión son irreconciliables porque representan formas diferentes de entender el mundo. La religión se basa en lo que no se ve, en la fe; mientras la ciencia, por el contrario, se basa en observaciones empíricas del mundo. La otra idea generalizada es que la ciencia, como base de la racionalidad cognitiva, contribuye al declive de la religión en todo el mundo, tanto en las vidas individuales de los científicos y de las científicas como en las sociedades donde se ha producido el progreso científico. Por lo tanto, las teorías existentes llevarían a esperar que las personas de ciencia no sean religiosas y que, además, defiendan un conflicto entre ciencia y religión. Pero la realidad es que existen pocos datos que permitan analizar la religiosidad de los científicos y de las científicas o sus percepciones sobre la ciencia y la fe, imperando aún el silencio y pocos espacios seguros dentro de la comunidad científica a la hora de hablar abiertamente de las religiones.

Rompiendo esta brecha del conocimiento científico, la investigación Religion among Scientists in international context: A new study of scientists in eight regions, publicada en la revista científica ‘Socius: Sociological Research for a Dynamic World’, presenta los primeros datos de una encuesta realizada por profesionales de la biología y la física en Francia, Hong Kong, India, Italia, Taiwán, Turquía, el Reino Unido y Estados Unidos; países y regiones seleccionados porque exhiben diferentes grados de religiosidad, distintos niveles de infraestructura científica y relaciones únicas entre instituciones religiosas y estatales (N = 9,422). La recopilación de datos incluye a científicos y a científicas en los campos de la biología y la física en todas las etapas de sus carreras universitarias e institutos de investigación, estudiándose durante los últimos 20 años sus actitudes hacia la religión. Aunque en la mayoría de los contextos nacionales estudiados, se muestra que los científicos y las científicas son significativamente más seculares (en términos de creencias y prácticas) que sus respectivas poblaciones generales, en cuatro de los contextos regionales, más de la mitad de la muestra se identifica como creyente. Y, en la mayoría de los casos, los científicos y las científicas no creen que la ciencia esté en conflicto con la religión, aunque sí se considera en general que operan en esferas separadas.

Además, los hallazgos demuestran que gran parte de los científicos y de las científicas tienen una actitud abierta a las creencias religiosas de sus colegas y que quienes se identifican con el ateísmo muestran actitudes mucho menos negativas respecto de la religión de lo que nos podrían hacer creer los discursos predominantes. El estudio concluye que la percepción de conflicto intrínseco entre ciencia y religión que se transmite públicamente en la mayoría de estos contextos regionales no refleja la realidad. En esta línea, ‘Nature’ realizó cinco entrevistas sobre cómo navega la comunidad científica entre la fe y el trabajo. Sus experiencias difieren, pero ninguna de estas personas sintió un conflicto entre sus creencias y su ciencia. Aunque ninguna persona había experimentado ninguna discriminación directa por su religión, sí admitieron ser menos abiertos o abiertas a la hora de expresar su fe en contextos profesionales que en ámbitos particulares.

En todos los casos se destaca la importancia de buscar una formación más holística y de los riesgos de descartar la religión de la investigación científica, lo que puede generar sesgos y prejuicios sobre algunas minorías y personas religiosas. 

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