La barbaridad de la guerra presenta estos días su cara más atroz con el atentado a la ayuda humanitaria organizada por la ONG Open Arms fundada por Óscar Camps y la ONG World Central Kitchen, fundada por el chef José Andrés cuando trabajan en la misión humanitaria para establecer un corredor humanitario.

Las personas voluntarias fallecidas en el atentado, incluida una voluntaria australiana, dejan a la región en estos momentos sin la entrada de ayuda humanitaria por mar ya que por tierra está siendo prácticamente imposible. Cabe destacar la enorme valentía de las personas voluntarias que arriesgando sus vidas están trabajando desde hace semanas en la zona de conflicto para establecer un cordón humanitario entre Chipre y la Franja.

Es bien conocido que la tragedia de la guerra impacta desproporcionadamente a las mujeres en las zonas de conflicto. A menudo, las mujeres y niñas son las más vulnerables y se enfrentan a riesgos específicos, como la violencia sexual y de género, el reclutamiento forzado, la falta de acceso a servicios de salud reproductiva y la pérdida de sus medios de subsistencia. Además, las mujeres suelen asumir roles de cuidado y liderazgo en sus comunidades durante situaciones de crisis, aunque su contribución a menudo se pasa por alto o se menosprecia. El atentado, priva a las mujeres y criaturas de acceso a recursos vitales para su supervivencia y dignidad.

A pesar de los muchísimos ataques que han recibido personas como Oscar Camps y la ONG Open Arms, en estos momentos son una de las poquísimas organizaciones en el mundo que están llevando paz en medio de la guerra subministrando alimento y posibilidad de salida a la sociedad civil víctima del conflicto. La profunda humanidad de estas personas merece ser reconocida si realmente queremos la paz en nuestras sociedades y el fin de los conflictos.

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