Nunca he hecho ni haré caso de ese tipo de frases. Deciden que se haga y se piense lo que les conviene, luego sus sumisos hooligans proclaman que es progresista hacerlo y que son carcas quienes no se someten. Las consecuencias son muy negativas, pero la solución es muy fácil: no someterse, no hacer ni caso.

En la época final del franquismo, dentro del movimiento clandestino que trabajábamos por la democracia, comenzamos a abrir espacio para los planteamientos feministas. Decidimos denunciar en el propio movimiento a un dirigente que era un violador compulsivo y así lo hicimos una de sus víctimas y quienes la apoyamos. La mayoría se puso radicalmente en contra nuestra diciendo que así dividíamos el movimiento y hacíamos el juego a los franquistas. Aun así, nuestra denuncia sirvió para crear un precedente (que logró que ese no volviera a violar y se lo puso más difícil a otros), para fortalecer el movimiento democrático al disminuir las personas que lo abandonaban decepcionadas y para seguir creando espacio para el feminismo.

Ahora hay quienes deciden diseñar una educación sexual basada en las ideas de Foucault, defensor de la pederastia. Para disminuir y neutralizar la oposición a esas ideas y prácticas deciden que lo progresista es ir contra el consentimiento que en temas sexuales de menores solo pueden dar sus familias, contra el derecho democrático de familiares de participar en la educación y en la sociedad y contra el criterio científico y profesional de co-creación que, entre otras cosas, demuestra que solo se avanza en la superación real de la violencia en los centros educativos colaborando profesionales y familiares. Sus hooligans se lanzan a colocar la etiqueta de carcas a quienes estén en desacuerdo con que se eduque a la infancia en las ideas pederastas. 

Desde aquí quiero decir a todos esos hooligans que no tienen ninguna posibilidad de que su inútil intento de mancharnos con esas etiquetas nos frene lo más mínimo en proteger a la infancia de la violencia sexual que promueven con sus ideas y sus comportamientos. Al contrario, cuanto más insistan en ese autoritarismo tan reaccionario y antifeminista, más importante vemos clarificar de dónde vienen sus ideas, como las muy foucaultianas ideas de coaccionar a menores a tocarse, de que el amor romántico es la causa de la violencia o el concepto de micromachismos, y las consecuencias enormemente negativas que tienen para la infancia y adolescencia. 

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