Tullia D´Aragona. Wikipedia

Tullia D´Aragona fue poeta y filósofa, muy arraigada en la tradición platónica o aspasiana. Nació en Roma, no se sabe con exactitud si en 1508 o 1510. Era de familia acomodada, por lo que recibió una educación esmerada. Además de sus capacidades para el estudio y la creación, tenía una gran aptitud para mantener conversaciones filosóficas.

Su gran presencia en la vida pública era un hecho inusual para la época, que no abandonó después de la muerte de su marido.

Tenía muchos admiradores, lo que la convirtió en objetos de burla para los autores de comedias. Murió pobre y desacreditada por algunos que la acusaban de bruja y prostituta.

Además de numerosos poemas, Tullia escribió un Dialogo della Infinità di Amore (Diálogo sobre la infinitud del amor), apareció por primera vez en Florencia en 1547. Los interlocutores son la misma Tullia, el filósofo Varchi y un tal Muzio Lattanzio. Tullia se presenta a sí misma como alumna, aunque no deja de mostrar su gran sabiduría y aptitud filosófica, de tal manera que a veces parece ella la verdadera maestra. El tema fundamental del libro es la relación entre la belleza y la bondad, que ya se había discutido también en el diálogo de Platón, El Banquete. La forma de amor más elevada es, según se expone aquí, el amor infinito, que nunca cesa y por tanto nunca llega a realizarse.

Pero a diferencia del platonismo, en el libro de Tullia se concede más valor no al que ama, sino a la persona amada. La persona amada es el objeto y por tanto, es más importante que el que ama. El gran amor infinito no se origina por medio de la pasión, sino de la razón.

A continuación, leemos un fragmento de la filósofa, que redunda en este sentido:

“No hay duda posible de que cualquier cosa que se mueva hacia un fin determinado, nada más alcanzado ese fin, abandona ese movimiento y, en consecuencia, ya no se mueve más. Puesto que nada más dejar de existir la causa que mantiene en movimiento y que era el fin de ese movimiento, necesariamente también falta su efecto, es decir, el movimiento. Pero ahora, todos aquellos que aman a la manera común y no anhelan otra cosa que poseer físicamente el objeto amado, tan pronto como consiguen la unión deseada, abandonan su movimiento y ya no aman más.” 

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