Existe un consenso en la literatura científica en Ciencias Sociales alrededor de la importancia de las interacciones sociales para construir la personalidad e identidad. Se demuestra a través de esos análisis que las personas vamos construyendo nuestra forma de ser a partir de lo que nos dicen las otras con sus actos verbales o no verbales, es decir, actos comunicativos en definitiva. Como ya hemos señalado en esta sección, para los chicos y hombres existe un discurso coercitivo dominante que socializa en la presión de seguir el modelo de masculinidad tradicional dominante (MTD). Por otro lado, aquellos que no caen en este discurso pueden reproducir actitudes que los sitúen en las masculinidades tradicionales oprimidas (MTO). 

Lo que queremos apuntar en este artículo es que este discurso coercitivo dominante también incluye la atracción por el poder. El mirar hacia arriba a personas solamente porque tienen el foco mediático, son populares o resultan bien valoradas por el entorno – sin analizar el por qué – es una práctica que reproduce la existencia de relaciones superficiales y poco verdaderas. Además, es frecuente que a estas personas se les potencie sin considerar sus valores y formas de actuar, simplemente se las refuerza porque tienen una posición de poder que les dota de protagonismo. La falta de seguridad de los MTO y el ejercicio de la dominación de los MTD genera que estas relaciones se reproduzcan y generen una fuerte pérdida de sentido. 

Las Nuevas Masculinidades Alternativas (NAM) superan estas dinámicas vacías de significado a través de un posicionamiento claro por la honestidad y la veracidad en las relaciones sociales y afectivo-sexuales. Es decir, las NAM no necesitan valorar a las personas por su status o posición de poder porque lo que les mueve son otros valores: la igualdad, la transformación social, ser un mismo de la forma más real posible. Cuando las NAM actúan de esta manera están demostrando que no sucumben al discurso coercitivo dominante y que no necesitan fama y poder para ser valoradas. Su forma de actuar honesta y verdadera genera una valoración social y un atractivo que tiene un gran poder para el cambio social. Si llevamos este posicionamiento a contextos educativos de aprendizaje y socialización estaremos contribuyendo claramente a mejorar muchas de las relaciones que actualmente tienen las y los menores y también las personas adultas. 

 

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