La violencia sexual contribuye a reproducir desigualdades de género, raza/etnia, clase, edad, sexualidad, capacidad, ciudadanía y nacionalidad. Sin embargo, según afirman estas autoras, el estudio de estos elementos ha sido relegado a los márgenes de la disciplina de Sociología, -a la que se refiere la revista-, con consecuencias para el conocimiento sobre la reproducción de la desigualdad social. 

En el estudio, Silence, Power, and Inequality: An Intersectional Approach to Sexual Violence, se empieza presentando una visión general de las ideas clave sobre la violencia sexual elaboradas por feministas, estudiosos críticos de la raza y activistas en contra de la violencia. Las autoras ponen énfasis en el silencio que hay entorno a esta realidad. Esta investigación nos lleva a conceptualizar la violencia sexual como un mecanismo de desigualdad que se hace más efectivo al silenciar su uso. 

Más adelante, el artículo lleva a cabo un rastreo de las controversias jurídicas y culturales en torno a la definición de violencia sexual en Estados Unidos. A raíz del estudio desarrollado, las autoras describen los retos que plantea la narración de la violencia sexual, el compartir las experiencias vividas y recibir una respuesta positiva al hacerlo. Por otro lado, el artículo también examina cómo el estrecho enfoque de género de algunas personas activistas contra la violencia sexual perjudica a las mujeres de color y a otros grupos marginados; ya que para algunos colectivos las barreras de narrar sus situaciones son todavía más acentuadas. Las autoras concluyen cuestionando el silencio sociológico existente sobre la violencia sexual, y la necesidad de ahondar en este campo, desde esta disciplina.

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