Amalie Auguste Melitta. Wikipedia

Amalie Auguste Melitta nació el 31 de enero de 1873. Fue la inventora del filtro de café. Descubrió que los percoladores solían quedarse cortos a la hora de filtrar el café, y dejaba restos en la bebida, además, las bolsas de lino eran difíciles de limpiar. 

La necesidad de buscar la manera de que el café no fuera tan amargo y lleno de grumos, la llevó a pensar cómo podía cambiarlo. Decidió que podía mejorar el proceso de filtrado y hacer de esta bebida un auténtico placer. 

Después de probar con distintos materiales, al final optó por usar papel secante de los que sus hijos utilizaban en sus estudios y un bote de latón. Con esos utensilios caseros, Amalie Auguste Melitta consiguió hacer un café libre de grumos y con un gusto mucho mejor. 

El 20 de junio de 1908 Melitta registró su invento en la oficina de patentes alemana y en diciembre de aquel mismo año abría su pequeña fábrica de filtros con la ayuda de su marido. Poco después, en 1909, en la feria de Leipzig, logró vender más de mil filtros del café.

En 1910, la compañía ganó una medalla de oro en la Exposición Internacional de Higiene y una medalla de plata de la Asociación de Hosteleros Sajones.

Al obtener un café libre de impureza y de sabor menos amargo que obtuvo gran éxito, decidió montar un negocio dedicado a ello. No sólo fue una mujer con gran inventiva, fue también una mujer trabajadora, que con su empeño creó un imperio en el que sus empleados eran tratados con ecuanimidad y justicia laboral.

La Primera Guerra Mundial supuso la reconversión forzosa un paréntesis forzoso y la familia de Melitta sobrevivió vendiendo cajas de cartón. Finalizada la guerra, la empresa de los Bentz volvió a fabricar filtros con tal éxito que los trabajadores llegaron a ser más de ochenta y sus instalaciones tuvieron que ser trasladadas a una nave más amplia en la zona de Westfalia.

Su marido Hugo y sus hijos Horst y Willi estuvieron entre los primeros empleados de la compañía. 

Después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la producción paró de nuevo y la compañía recibió órdenes de colaborar con el esfuerzo bélico.  

Tras terminar la guerra los trabajadores fueron reubicados en diversas instalaciones improvisadas al convertirse la fábrica en una sede provisional de la administración aliada, uso que mantuvo durante doce años.

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