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A las víctimas de violencia machista que hemos logrado ser supervivientes, a las feministas que siempre hemos apoyado a otras víctimas, no nos sorprende la agresividad con que nos atacan quienes han ganado fama y dinero con bulos que han fomentado la violencia machista y, cuando las mujeres, el conjunto de la sociedad y las entidades financiadoras se ha dado cuenta, ven peligrar sus chiringuitos.

Quienes siempre hemos sido feministas hemos luchado contra la invisibilización de las mujeres científicas incluyendo las mujeres que aportan las evidencias científicas internacionales sobre violencia de género. Quienes defienden su fama y remuneración reafirman con gran agresividad tratando de invisibilizar a las mujeres científicas porque demuestran con argumentos y evidencias hasta qué punto sus bulos fomentan la violencia machista.

Las mujeres científicas y feministas nunca desautorizamos a otras mujeres porque no tengan estudios universitarios, al contrario, clarificamos continuamente que todas las mujeres tienen el mismo derecho a opinar y aportar sus experiencias y reflexiones a un tema que tanto nos afecta a todas. No decimos que las madres son carcas para imponer así nuestras propias ideas en la educación de sus hijas. Al contrario, las orientaciones de la educación de sus hijas las hacemos en diálogo entre todas y en esos diálogos no se censuran las evidencias científicas internacionales sobre violencia machista. Es curioso que quienes llaman feminismo a la imposición desde sus propias ideas sin tener ninguna cualificación científica para hacerlo desprecien explícitamente que tengan voz las muchísimas mujeres que no tienen ni la educación obligatoria pero sí el mismo derecho que todas las demás a que sus voces sean igual tenidas en cuenta.

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