Tengo evidencias de muchas autoras e instituciones que hicieron campañas muy fuertes contra el amor romántico. La mayoría de esas personas e instituciones ahora ya no lo dicen o incluso afirman lo contrario. Sin embargo, no encuentro ninguna que reconozca explícitamente su error y el tremendo mal que nos causaron a las niñas y adolescentes. Solo como un ejemplo, en el 2012, cuando yo tenía 16 años, Coral Herrera escribió un artículo que comenzaba así: “El amor romántico es la herramienta más potente para controlar y someter a las mujeres”. Veo que ahora escribe: “El amor romántico es solo una forma de amor más, pero no es la única ni la más importante”.

Ya he dicho que es solo un ejemplo, son muchísimos más los autores, autoras e instituciones que nos causaron un daño tremendo a quienes siendo niñas y adolescentes nos inculcaron esas ideas contrarias a la verdad y al feminismo a través de sus muchas seguidoras y seguidores docentes. No encuentro ninguna de esas autoras y autores, ni los gobiernos e instituciones que hicieron esas campañas, que hayan rectificado públicamente, reconocido el mal que hicieron y manifestando su voluntad de reparar en lo posible lo que nos provocaron. 

Actúan como si lo que realmente les motivara fuera mantenerse como referencia, conservar su imagen de expertas en este tema o su poder en las instituciones. Actúan como si les diera igual no solo el mal que nos hicieron, sino el que van a volver a hacer a las actuales adolescentes puesto que no reconocer su error anterior es una garantía de que continuarán obviando las evidencias científicas y seguirán presentándose como expertas sin serlo. 

Ya que se equivocaron, si tuvieran valores feministas y contrarios a la violencia de género, lo que harían ahora es formarse, aprender de las feministas que nunca tuvieron sus errores y que han realizado aportaciones que están superando la violencia de género. Desde luego, lo que harían es dejar de invisibilizarlas y reconocer públicamente lo que han aprendido de ellas. 

Si no lo hacen, quizá tengamos que ponernos en contacto las que hemos sido adolescentes víctimas de esos ataques al amor romántico, recopilar las consecuencias que han tenido para el bienestar y la salud y reclamar públicamente una reparación.

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