Este año la canción que representa a España en Eurovisión es “Zorra”, ganó en el Benidorm Fest. Es una canción del dúo Nebulosa. Su cantante, Mery Bass, define como necesaria esta canción para denunciar una sociedad desigualitaria y machista.

La reapropiación del insulto como resistencia, pretende convertir a la violencia que se imprime desde el uso contextualizado de algunas palabras, en este caso los insultos machistas, a través de su desactivación, de su desarticulación, en autoafirmación, en empoderamiento.

Realmente ¿la canción “Zorra” es subversiva, transgresora? ¿podemos defender que va a transformar expresiones machistas llegando al fondo de la cuestión, la transformación de la desigualdad y la violencia, o solamente pretende un uso comercial, transformando una acción política en mercancía?

Existe un precedente muy diferente. La primera vez en que fui consciente de una desactivación del lenguaje machista fue hace cuarenta años, cuando Las Vulpes, el primer cuarteto de punk-rock del estado, unas chicas muy jóvenes del margen izquierdo de la ría de Bilbao cantaron en 1983 en el programa Caja de Ritmos de TVE “Me gusta ser una zorra”, una adaptación libre de una canción de Iggy Pop y los Stooges. Venían de una sociedad en la que la promulgación de la Constitución en1978 inauguró la afirmación legal de la igualdad entre las mujeres y los hombres, la transformación de su identidad ciudadana. Pero los cambios sociales en relación con este tema no iban a la misma velocidad. Teníamos su misma edad y podíamos entender lo que querían cambiar con su canción. Fue transgresora en ese contexto concreto. Entonces cuando se emitía un programa por la televisión, las palabras que se consideraban malsonantes, poco apropiadas, se tapaban con un pitido. Pero el director del Programa, el crítico musical Carlos Tena, no quiso hacerlo. Poco más tarde el periódico ABC publicó una crítica de la letra por su emisión en horario infantil, desatando una polémica nacional. El contexto social de “Me gusta ser una zorra”, ni remotamente era el mismo de “Zorra”. Recordemos el intento de golpe de estado del 23F en 1981. Franco había muerto en 1975.

Carlos Tena se vio obligado a dimitir. Al final la fiscalía general del Estado interpuso una querella contra el director del programa y contra la autora de la letra y la cantante de Las Vulpes por escándalo público. Poca broma, porque se enfrentaban a penas de varios años de cárcel y a inhabilitación. En 1986 el caso fue sobreseído.

Carlos Tena en una entrevista realizada por Mercedes Milá contó que no se esperaba una reacción tan brutal y subrayó la “rijosidad” del país. Carlos Bouza destacaba en 2018: “Las Vulpes funcionaron como el perfecto chivo expiatorio: eran mujeres que habían empujado los límites de lo decible en público y rompieron moldes en su forma de exponerlo, pero carecían de tablas o recursos económicos para enfrentarse a los efectos de su audacia”. Grabaron un disco. No tuvieron ni un solo beneficio económico. Las engañaron. Bouza  señala: “el sello madrileño Dos Rombos se apresuró a hacer caja editando el single ‘Me Gusta Ser Una Zorra / Inkisición’ (1983[…] Pese a su mala distribución, las ventas superarían todas las previsiones: con algo más de diez mil copias despachadas en apenas unos días, el éxito del lanzamiento hacía prever una gira por todo lo alto. Pero la primera fecha, celebrada en Madrid ante una audiencia levantisca, marcó la tónica del resto del tour: en las noches sucesivas se encadenaron las amenazas, las agresiones, los vetos.  El grupo que se había formado en el verano del 82 se disolvió porque, como contarían más tarde, cuando conseguían actuar llegaban autobuses con gente de ultraderecha que les tiraban botellas. El contexto de Las Vulpes era el de la reconversión industrial y la protesta, en un contexto político muy complicado para las mujeres, un contexto de machismo larvado por generaciones.

El caso de Nebulosa nada tiene que ver, se produce décadas después, en otro contexto muy diferente, con toda la parafernalia de Eurovisión y la industria musical que acompaña a este festival que, como se destaca desde la economía, genera ingresos a través de actuaciones, productos de merchandising y derechos de retransmisión. Es una plataforma con un alcance global que genera millones de euros. El dia 7 de febrero su canción se había convertido en la segunda canción más viral del mundo en spottify  y acumulaba 2,8 millones de reproducciones en el canal de YouTube de RTVE Música .

Su tema ha sido comparado por algún comentarista con la canción “A quién le importa” de Alaska y Dinarama, editado el año 86. Nebulosa utiliza el lenguaje que utilizan los hombres violentos, los desigualitarios, los que convierten sus insultos en agresiones verbales que forman parte de la violencia de género. Alaska cuando cantaba que la apuntaban con el dedo y susurraban a su espalda, decía que no era de nadie, que no tenía dueño y que ella elegía su destino. Tenía agencia. Y cantaba que a nadie le debía importar lo que hiciera o lo que dijera. No se reapropiaba del insulto, como hace Nebulosa en su canción.

Hace pocos días Ane López de Aguileta señalaba que cuando se habla de la canción “Zorra” como feminista no hablaban en su nombre, porque todas las mujeres no habían dado consentimiento para hacerlo, destacando :”Igual que otras mujeres jóvenes con quienes he conversado sobre este tema a mí me repugna que alguien diga que soy una zorra, nunca he dejado y nunca dejaré que nadie me lo llame, nunca me he sometido ni me someteré a alguien que pueda llamármelo […] Esa canción es machista, reaccionaria[…]No estoy en contra de que quien quiera la cante y quien quiera diga “soy una zorra” […] [ decir que representa a las mujeres] es radicalmente falso porque eso anima a los peores chicos, los peores hombres, a decir que todas somos unas zorras y a intentar tratarnos como tales, por ejemplo, cuando salimos de marcha o de discotecas. Por supuesto que podemos rebelarnos y frenar esos ataques, pero también tenemos derecho a no recibirlos”. Y es que el lenguaje también puede intentar legitimar las agresiones. No debemos olvidarlo.

Ane defiende que hay que enseñar a no someterse a quien te llama zorra. Y plantea una cuestión que hay que abordar: “¿Qué harás si una alumna te pide apoyo porque la están llamando zorra? ¿Le dirás que tiene que alegrarse porque está siendo muy libre y feminista? ¿Le dirás que eso es divertido? ¿Le dirás que es tradicional o carca si se enfada por eso? ¿O la apoyarás defendiendo su derecho a que nadie la llame lo que ella no quiere? ¿Le dirás claramente que quien la llame eso que sabe que ella rechaza no es divertido, sino que es feo, aburrido y acosador?”. En 2018 la editorial de abril de la revista cultura LIJ exponía “Quienes trabajamos con las palabras sabemos que la elección de una u otras no es inocente. Las palabras trabajan sobre la forma del mundo”.  Más allá de los cañones de luz del escenario, en España en 2023 murieron asesinadas 55 mujeres por violencia de género. Una mujer cada 7´5 días. Esta es la realidad que hay que transformar. A pie de calle, en las aulas, día a día. Paulo Freire defendía que la lectura de la palabra, del texto, siempre va unida a la lectura del mundo, de la realidad. También defendía que las personas somos seres de transformación, no de adaptación; y bell kooks (2022) en su libro “respondona”  destaca:  “Hablar como acto de resistencia es muy distinto a entablar una conversación ordinaria o a la confesión personal que carece de relación alguna con la toma de conciencia política, con el desarrollo de una conciencia crítica […] corremos el riesgo de trivializar o de romantizar la idea de encontrar una voz y entrar en la retórica de quienes defienden una política feminista superficial que da prioridad al acto de hablar sobre el contenido del discurso” y nos recuerda los mecanismos de cooptación que erosionan y transforman en un bien de consumo, en un discurso de moda, mucho de lo que podría ser radical.

¿Podemos transformar la violencia desde el lenguaje que utiliza el agresor? No es lo que muestra la investigación sobre violencia de género. Personalmente elijo no hacerlo.

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