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A menudo rompe el corazón ver, por ejemplo mientras se espera el autobús, a niñas y niños en su cochecito con un móvil en la mano. Tiernos ojos persiguiendo una y otra vez dibujos trepidantes. La madre o el padre mantienen entretenido a su cachorro mientras ellos mismos están entregados al teléfono inteligente. Sin duda, no se les ocurre poner un libro de cuentos en las manos infantiles dado que ellos mismos son incapaces de tener uno para mayores en las suyas.

Los facultativos, la OMS, la UNICEF y otras entidades alertan sobre los efectos nocivos de las pantallas en edades tan tempranas. Por lo demás, ¿es necesario que lo hayan de decir los expertos cuando es de sentido común? En las guarderías ya advierten en las criaturas expuestas a las pantallas retrasos en el lenguaje, nerviosismo, falta de atención, dificultades para relacionarse con sus compañeras y compañeros. ¡Qué desastre, pobres pequeños indefensos ante unos progenitores insensatos!

Personas esclavas digitales, incapaces de velar por su propia salud ni la de sus hijas e hijos pequeños. Incompetentes para poner en sus manos libros infantiles, un entretenimiento clásico, sano, desvelador del entendimiento y la imaginación. Constituyen un colectivo de zombis fomentando descendientes zombis.

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