Delhy Tejero

En realidad, su nombre era Adela Tejero Bedate, cuando ya es profesional cambia su nombre por Delhy Tejero. Nació en Toro (Zamora), en 1904.

Pronto destacó su interés por las artes plásticas, pero la situación económica familiar no le permitió formarse en Madrid, como era su deseo, hasta 1925. Recibió sus primeras clases de dibujo en la Fundación González Allende de su ciudad natal, institución inspirada en los principios de la Institución Libre de Enseñanza. También en Toro comienza a publicar sus primeras ilustraciones retribuidas, en prensa.

Se trasladó a Madrid, donde se inscribió en la escuela de Artes y Oficios para preparar su ingreso en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. En esta escuela entró en 1926, también en este año realizó su primera exposición colectiva.  

Comenzó su colaboración como ilustradora en las mejores revistas de la época Blanco y Negro, Crónica, La Esfera, entre otras. Los ingresos que recibía por estos trabajos le permitieron  instalarse y vivir durante cuatro años en la Residencia de Señoritas, regentada por María de Maeztu. 

En 1929 obtiene el título de profesora de Dibujo y Bellas Artes de la Escuela de San Fernando. Desde entonces, y ya durante el periodo republicano, su reputación como artista fue creciendo, su obra se expuso en diferentes galerías e instituciones y obtuvo algunos importantes galardones. 

Exploró técnicas experimentales como la delcomanía, de la que fue pionera. En aquel momento, empezó la redacción de sus diarios, los “Cuadernines”. Estos diarios suponen un importante documento biográfico e histórico sobre la cultura de la Edad de Plata. 

En el verano de 1937 se exilió a Florencia, ciudad en la que permaneció dos años, que aprovechará para formarse. Posteriormente, se instaló en París, donde permanecerá hasta el verano de 1939, allí se relacionó  estrechamente sus relaciones con los surrealistas y el teosofismo, si bien destruirá las obras pintadas en esta etapa. 

Terminada la guerra española, regresó a Madrid, para instalarse en su nuevo estudio-vivienda del Palacio de la Prensa, que conservará hasta el final de su vida. Durante el franquismo, tras sufrir depuración profesional, retomará su actividad artística con éxito y reconocimiento crítico, especialmente como muralista y especialista en pintura decorativa. 

Tras una fase de pintura religiosa, caminará hacia el arte abstracto, el informalismo y el constructivismo, sin abandonar otros estilos y profundizando siempre en nuevas técnicas. 

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