Pexel

Todos hemos tenido que utilizar vestuarios, ya sea antes o después de Educación Física o si hemos practicado algún deporte. Concretamente, los chicos y hombres hemos vivido experiencias que recordamos claramente como incómodas y desagradables, marcadas por la acción de un chico o grupo de chicos que enarbolan una masculinidad tradicional dominante (MTD). 

Muchos de los chicos con un perfil MTD tienden a sentirse muy cómodos en un ambiente de solo chicos, donde (hasta ahora) pueden reforzar lo que en inglés se conoce como “lad culture” o “bro/frat culture” (algo así como cultura de tíos), la cual ha sido estudiada por sus efectos negativos. De partida cabe decir que se refiere a la cultura de algunos tíos, no de muchos otros que la repudiamos. Entre las cosas que pueden suceder en ese contexto se incluyen: que digan barbaridades de las chicas; comentarios homófobos en referencia a otros chicos; o comentarios sobre su cuerpo y el de los demás, especialmente sobre aquello que genera mayor vulnerabilidad.

Cuando sucede algo así, y los chicos no lo tenemos hablado de antes, puede costar posicionarse. Puede suceder que un grupo más o menos amplio de otros chicos se somete a los dominantes, les ríe la “gracia” y les sigue el juego, bien porque les mole también ese rollito o por miedo a las consecuencias y falta de seguridad. Esto genera una evidente perpetuación de la violencia, y los “gorilas” se ven reforzados socialmente, tanto por las risas de unos como por el silencio de los otros.

 

Pero ¿imagináis un vestuario de chicos en el que esto no suceda? Planteemos el ideal, el sueño, que tan útil nos es para las transformaciones sociales. Proponemos un vestuario con un ambiente agradable, en el que se sienta una gran libertad: para hablar o no, para cambiarse en privado o en público, para usar urinario o baño cerrado; que nunca esas decisiones u otras sean tomadas por presión social, sino por decisión individual por el motivo que sea. Donde no haya situaciones asquerosas como las anteriores descritas, o donde si las hay se neutralicen con efectividad. Imagino que, ante este ideal, un grupo importante de chicos responde que claro, que prefiere ese ambiente sin dudarlo.

Pues, si queremos algo así, los chicos igualitarios tenemos que hacer algo distinto, y algo que la ciencia ha demostrado que funciona: transformar estos contextos, que se dan en vestuarios, pero también en otros muchos espacios, requiere posicionarse desde los valores de las Nuevas Masculinidades Alternativas. Y ¿En qué consiste este posicionamiento? Un monográfico de la revista Frontiers in Psychology tiene una serie de publicaciones que ahondan en los actos comunicativos de las NAM. Uno de los elementos comunes dentro de estos actos comunicativos dialógicos se encuentra el lenguaje del deseo. Esta es una manera de comunicarse, no solo con palabras, que deja en muy mal lugar, muy ridículo, lo violento, y a su vez hace brillar lo igualitario, bondadoso, lo bonito y verdadero. Es un lenguaje que en una situación así hace justicia y pone las cosas en su sitio; porque son los gorilas los que se deberían avergonzar de comportarse así, y son los chicos igualitarios los que deberían quedar como lo que son, sobre todo si se posicionan de alguna manera: como valientes.

Solo mirándonos entre los que no estamos participando de esos comportamientos dominantes, podemos por su cara o sus gestos ser conscientes de a quien tampoco le resulta agradable. Entonces podemos, según la situación, dar una respuesta explícita, cambiar la conversación, hacer un gesto de desacuerdo, etc. Las posibilidades son múltiples y dependen del contexto. Desde luego, unir a más gente en el posicionamiento previene o disminuye la violencia de género aisladora, los ataques que quizá recibas porque los violentos ven peligrar su coto de caza. Otra opción es, cuando aseguremos un espacio seguro, comentarlo abiertamente con otros chicos.

Con estos posicionamientos valientes estamos, cada vez más, generando espacios realmente libres y divertidos, donde creamos conjuntamente una cultura que previene la violencia de género.

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