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Leo comentarios de la canción “Zorra” que afirman que nos representa a las jóvenes frente a otras personas mayores que no entienden su letra y lo importante que es para nosotras. También veo que dicen que es feminista y que eso representa algo profundo de las mujeres que antes no nos atrevíamos a expresar. Pido a los comentaristas que no hablen por mí, ni por todas las jóvenes que no les han dado consentimiento a hablar en su nombre; esa actitud es muy propia de personas adultas que no nos respetan a las jóvenes. Pido a los comentaristas que no hablen por todas las mujeres que no les hemos dado consentimiento para hacerlo. Igual que otras mujeres jóvenes con quienes he conversado sobre este tema a mí me repugna que alguien diga que soy una zorra, nunca he dejado y nunca dejaré que nadie me lo llame, nunca me he sometido ni me someteré a alguien que pueda llamármelo.

Ser mujer es muy bello. El feminismo es muy bello y resalta la belleza de unas relaciones libres e igualitarias más allá de esas discriminaciones y de esos insultos como el de zorra que muchas mujeres han recibido tradicionalmente por parte de los peores hombres. Esa canción es machista, reaccionaria y enormemente fea y cutre. Mancha la palabra feminismo y mancha también la palabra mujer. No estoy en contra de que quien quiera la cante y quien quiera diga “soy una zorra”. Lo que es antidemocrático y antifeminista es que se diga que eso nos representa a las mujeres o que eso nos representa a las mujeres jóvenes frente a las de más edad o más clásicas.

Eso es radicalmente falso y nos pone en peligro a las mujeres jóvenes porque eso anima a los peores chicos, los peores hombres, a decir que todas somos unas zorras y a intentar tratarnos como tales, por ejemplo, cuando salimos de marcha o de discotecas.  Por supuesto que podemos rebelarnos y frenar esos ataques, pero también tenemos derecho a no recibirlos, a no tener que salir de fiesta teniéndonos que defender de esos asquerosos machistas que utilizan esa canción y esas expresiones para legitimar las agresiones de las que nos vemos obligadas a defendernos.

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