*** Este omertá 140 -extraordinario no sale los días 25 o 8 como es habitual ya que de forma excepcional respondimos ante una falsa acusación pública a una de las personas que siempre ha apoyado a las víctimas y así salimos al paso de la violencia de género aisladora contra quienes nos apoyan a las víctimas.

Desde la ruptura del silencio en el 2003 hasta junio del 2016, las denuncias fueron creciendo y los acosos disminuyendo. Sin embargo, esa trayectoria se invirtió provisionalmente a partir del 13 de junio del 2016 por la ofensiva del periodismo amarillo contra quienes ayudaban a las víctimas. Ese día, los acosadores que habían visto disminuir su “libertad”, lo celebraron y se sintieron “liberados” para volver a disfrutar de su impunidad, especialmente en la UB donde la violencia de género aisladora fue más intensa. Sin embargo, meses después, el periodismo excelente defendió a las víctimas y a quienes las apoyaban y se volvió a recuperar la trayectoria de disminución de la impunidad a un ritmo todavía más acelerado que el anterior. Muchos acosadores tuvieron miedo y rectificaron, pero las “imprudencias” que habían hecho ese tiempo ya les pasarán factura siempre.

Si no se hubiese ejercido violencia de género aisladora contra las únicas personas que se posicionan, muchos casos en estos momentos se explicarían con más supervivientes y menos víctimas. Múltiples ejemplos encontramos diariamente que evidencian de qué manera cuando se ataca a quienes apoyan a las víctimas, estas pierden toda posibilidad de ganar y salir adelante. En el caso de la universidad, hemos visto muy recientemente como coincidiendo con los ataques más fuertes contra el único grupo de investigación que se ha posicionado al lado de las víctimas, ha habido casos de víctimas que han quedado totalmente desprotegidas y aisladas perdiendo así sus casos. En los más graves, abandonando sus carreras académicas.

La prensa amarillista aprovecha cualquier ocasión para cambiar el foco de atención sin importarle en ningún caso las consecuencias que eso tiene para las víctimas. En este caso, mientras la prensa se lanzaba ferozmente ejerciendo violencia de género aisladora silenciaba a muchas víctimas y a las personas que las apoyaban. Actualmente estos casos afloran, cuando las carreras académicas ya se han roto y paradójicamente, quienes en su momento tuvieron interés por atacar a las víctimas, ahora les mueve el morbo de los casos instrumentalizando a las víctimas con fines que desconocemos. Si no se hubiese tratado de silenciar a las únicas personas que se posicionan, muchos casos en estos momentos se explicarían de otra manera, con más supervivientes y menos víctimas.

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