Nació en Teruel, el 28 de diciembre de 1891 fue una soprano de coloratura y maestra de canto española.

El padre de Elvira de Hidalgo se interesó por que sus hijos estudiasen música y, ya de niña, la futura soprano demostró habilidades. Ingresó muy joven en el conservatorio del Liceo de Barcelona y consiguió una beca para continuar sus estudios en Milán. Tuvo un precoz debut a los dieciséis años en el San Carlo de Nápoles con el que sería su papel más aclamado: Rosina, de El barbero de Sevilla. Conquistaba al público con sus movimientos de abanico y con unos agudos intensísimos. Cantó en los mejores teatros y con estrellas como Caruso, Miguel Fleta o Titta Ruffo, en los principales teatros de Italia, Europa y América.

Reconocida como una de las mejores soprani d’agilitá de su época, dio vida a las protagonistas de Linda de Chamounix, Rigoletto, I Puritani, Lucía de Lammermoor, etc. El Teatro Real de Madrid también fue testigo de sus éxitos; en él actuó por última vez en 1923. Siguió actuando de forma habitual hasta 1930 y, esporádicamente, hasta 1936.

Su personalidad de intérprete fue reconocida no solo por su preparación como soprano coloratura, sino como alguien que dotaba a sus personajes de una gran verosimilitud.

Retirada de la escena, dedicó su actividad a la enseñanza. En Atenas formó a María Callas entre los años 1938 y 1943. Desde 1947 ha sido reconocida como la maestra de María Callas. 

Como maestra, tuvo un importante papel en el renacimiento del bel canto después de la segunda guerra mundial.

Elvira de Hidalgo se convirtió en un pilar importantísimo para María Callas y de ella obtuvo el apoyo que no encontró en su propia madre. Durante el tiempo que coincidieron en Grecia se fraguó entre ambas una amistad que duró toda la vida. Nos dice Santolaria que, incluso cuando Callas comenzó a volar sola y su voz y fama recorrían el mundo, la gran diva seguía buscando a su maestra cuando le vencía la flaqueza: “Si tenía un recital o una ópera complicada, Maria llamaba a Elvira por teléfono y juntas vocalizaban, ensayaban. O Callas le pedía que cogiera un avión y acudiera a su hotel o a donde fuera para estudiar el papel. Así adquiría esa seguridad que necesitaba, que Elvira le transmitía. Por eso la buscaba tanto. Existía una absoluta dependencia alumna-profesora”.

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