El artículo Adolescent vaping: a sweet target for profit, publicado en la revista científica de The Lancet ‘Child & Adolescent Health’, analiza el uso cada vez más extendido de cigarrillos electrónicos entre los adolescentes de todo el mundo. Esta tendencia es particularmente más preocupante en países que ya tienen una alta prevalencia de tabaquismo que, según los estudios, aumenta cuando se comienza consumiendo cigarrillos electrónicos, lo que dificulta los esfuerzos de control del tabaco y pone de relieve cómo las empresas tabacaleras y de cigarrillos electrónicos han convertido a los y las adolescentes en un objetivo claro para obtener más ganancias económicas.

A pesar de comercializarse como una alternativa más segura al tabaco convencional, las evidencias constatan que el vapeo a través de cigarrillos electrónicos es altamente adictivo y dañino. El alto contenido de nicotina (incluso en algunos productos etiquetados como “sin nicotina”) puede generar dependencia con el tiempo, lo que representa un riesgo extremadamente peligroso para el cerebro en desarrollo. Además, la evidencia emergente sugiere efectos adversos sobre el desarrollo a largo plazo de la estructura y función del cerebro, así como posibles cambios en la neurocognición y el comportamiento. Los cigarrillos electrónicos también contienen sustancias químicas dañinas para los pulmones jóvenes (p. ej., partículas ultrafinas, compuestos orgánicos volátiles o metales pesados), lo que provoca efectos cardiopulmonares adversos, bronquitis crónica, exacerbaciones del asma y daño pulmonar.

Con respecto al tabaco convencional, la detección del vapeo es más difícil debido tanto a la falta de signos olfativos o de comportamiento como a las prácticas comerciales predatorias en torno a este problema de salud pública. En concreto, los fabricantes han hecho que los cigarrillos electrónicos sean fáciles de ocultar, con diseños que se asemejan a objetos cotidianos como bolígrafos y unidades USB, y también existe un mercado creciente de artículos de moda que permiten un uso discreto. Además, los vaporizadores desechables, empaquetados con colores brillantes y con sabores dulces, son baratos para los y las adolescentes y su atractivo se está impulsando por las redes sociales.

El artículo concluye que, dado que casi todo el consumo de tabaco comienza en la adolescencia y la edad adulta temprana, prevenir el uso de cigarrillos electrónicos en los y las jóvenes es clave para el control mundial del tabaco. Tanto profesionales de la salud como de la educación desempeñan un papel crucial a la hora de educar a los y las adolescentes y a sus familias sobre los riesgos para la salud del vapeo, disipar conceptos erróneos y reforzar positivamente el no uso de cigarrillos electrónicos. Desde el ámbito pediátrico se pueden incorporar en las visitas clínicas un marco breve de cribado, detección y prevención e intervención y ser conscientes de los indicadores inmediatos y agudos posteriores al uso (por ejemplo, sequedad de boca, síntomas dentales u olores a frutas o dulces).

En última instancia, se necesitan regulaciones más estrictas y audaces en el control del tabaco para contrarrestar las prácticas depredadoras de la industria tabacalera. Aunque en muchos países es ilegal vender vaporizadores a menores de 18 años, la realidad es que no les resulta difícil acceder a ellos. Prohibir la venta y comercialización de cigarrillos electrónicos a menores es necesario, pero no suficiente. Dado que el desarrollo del cerebro continúa, los y las adolescentes mayores de edad también deben obtener protección contra los efectos nocivos de los cigarrillos electrónicos, por lo que se insta a los gobiernos y a la OMS a que se tomen medidas más ambiciosas y progresistas en sus estrategias de control del tabaco colocando a los y las adolescentes en el foco a través de un enfoque integral y coordinado para reprimir a la industria tabacalera y evitar que utilice a la población adolescente como un objetivo fácil para obtener ganancias.

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