Un estudio de la Universidad de Colorado, en Estados Unidos, aporta datos sobre las características capaces de conseguir que una unión sentimental, se trate de matrimonios o parejas de hecho, perdure.

Se confirma que compartir ideologías y nivel educativo constituye una base sólida. Confirmar significa que aquello que por lógica se infiere es cierto. Una pareja con ideas opuestas en cuanto a partidos políticos, cuestiones sociales, actitudes respeto al entorno fácilmente choca en los quehaceres cotidianos. Por lo demás, si no comparten un bagaje cultural que les permita disfrutar de similares espectáculos, libros, música en los espacios de ocio, el distanciamiento sentimental parece estar incluido.

En cambio, se evidencia que los rasgos físicos poco influyen en la solidez del amor. También esta comprobación resulta factible mirando alrededor. “La suerte de la fea la guapa la desea”, dice el refrán, sin que al patriarcado se le haya ocurrido la analogía de que, “la suerte del feo el guapo la desea”. Las parejas desparejas en cuanto a atractivo corporal, y sin embargo duraderas, son muchas. 

Al igual que respecto a la diferencia en altura. Cuántas veces vemos a mujeres menudas unidas a hombres corpulentos, imagen muy querida antaño como dibujo del hombre fuerte y protector de su compañera, frágil muñequita. Por fortuna, tal concepto ha desaparecido, dando paso a la certidumbre de que el cuerpo por sí solo no hace a la persona, estimada en especial por el cerebro, el carácter y la bondad. 

A propósito de las diferencias corpóreas hay que evaluar, no obstante, el hecho de que escasas veces sucede que una mujer muy alta se empareje con un hombre bajito. ¿Una convención social impresa en el ánimo y que subrepticiamente impide el surgimiento del amor? En este caso, otra barrera a desplomar de camino hacia la igualdad en todos los términos.

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