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Ya siendo alumno por justificar su conducta personal de desprecio total a las mujeres, se alió con el catedrático denunciado por acoso  siendo muy reincidente. Así fue como empezó una febril lucha contra las profesoras que se habían posicionado en contra de éste, queriendo desprestigiarlas ante el resto del alumnado. Su posicionamiento fue claro y descarado dentro de la universidad y en las redes sociales.

Su malestar ante las mujeres que valientemente rechazaban dichas actitudes llegó a su culminación el día que en un bar coincidió con una de las víctimas que acaba de denunciar un caso de acoso en la universidad. En medio del bar salió de sus casillas organizando un ridículo espectáculo contra la víctima, con ataques reiterados en los que se mezclaba una frustración sexual y una rabia profunda. La víctima pasó totalmente de él gracias a los apoyos que recibió de sus amistades. Pero él no se daba por satisfecho y no paraba de intentar machacar a las víctimas y a las personas que las defendían, especialmente si eran mujeres, consolidando un machismo significativo.

Pero la posición de las víctimas muy por encima de su actitud le fue dejando fuera de lugar hasta el punto de darse cuenta de que sus ataques solo le servían para quedarse cada vez más solo y aislado mientras las supervivientes cada vez más empoderadas se atreven a hablar públicamente de lo sucedido empoderando cada vez más víctimas ante personas como ésta.

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