Gorriones. Canva

Es de suponer que de los dos millones de personas mayores que viven solas en España la mayoría cuenta con una mascota o más. Por lo general residen en ciudades, y buscan la compañía de perros, gatos, loros, periquitos. Los han adquirido o los han recibido como regalo, porque en las urbes no abundan los animales, grandes o pequeños, como en el campo.

Hay una anciana urbanita, sin embargo, que vive rodeada de animalitos que ni ha elegido ni ha comprado. No pueden considerarse mascotas, desde luego, las cuales no tiene, pero la rodean por todos lados. En la terraza la visitan los gorriones, saltarines de rama en rama en el ficus o en la adelfa. También lo hacen los mirlos, escarbadores tenaces y molestos de la tierra de las macetas. Y no falla nunca una tórtola, de cuello esbelto y collar negro, a la cual cada mañana alimenta con migas de pan. A veces acude aparejada, pero más a menudo lo hace sola. Ella la mira y le pregunta en silencio, “¿estás viuda, separada?” Quizás todavía está soltera, después de todo. Por las paredes se mueven huidizos los dragones, de tamaño mediano o pequeño, mientras que las arañas tejen telas de tronco en tronco y las abejas liban flores exentas de insecticidas nocivos. Por su parte, las hormigas recorren troncos y ramajes esparciendo plagas, las malditas. Eso lo leyó en El origen de las especies, el libro del Charles Darwin. El naturalista advirtió cómo estos insectos se alimentan de plagas y al mismo tiempo las provocan. 

Lo que preocupa a la anciana es que los animalitos propios de la terraza también se hagan presentes en el interior de la vivienda. Ejércitos de hormigas diminutas, arañas instaladas en los techos o en los zócalos, y aún peor, la aparición de algún dragón. Sabe que son inofensivos y beneficiosos, perseguidores precisamente de insectos o de arañas, pero al verlos dentro de casa se estremece. De costumbre desaparecen tan rápidamente como aparecen, pero sabe que los tiene cerca, que correrán por donde quieran, y eso la trastorna.

A fin de cuentas, no obstante, decide pensar en positivo. Todos ellos le hacen compañía. Animalitos inocentes, muestras de vida.



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