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“¿Y has visto la película de Barbie?” Después de las vacaciones nos volvemos a encontrar con amigas y amigos y ésta es una pregunta muy recurrente. Sirve como excusa para iniciar conversaciones sobre cine, feminismo, masculinidades, moda… y sobre recuerdos liberadores de la infancia.

Muchas de nosotras estábamos incluso obsesionadas con la muñeca Barbie y todo lo que la rodeaba. Pero llegó un momento en el que comentar que te gustaba quedaba mal. “Ser una barbie” para una mujer era un insulto y muchas chicas se han querido alejar de ese estereotipo. Muchas mujeres y hombres han optado por ejercer su libertad, desde siempre, vistiéndose del color o estilo que quisieran. Pero a otras nos robaron la opción de ser Barbies si así lo deseábamos.

Pero este verano muchas chicas y mujeres se han liberado y el inicio de curso será mucho más atractivo para ellas. Muchas nos hemos vestido para la ocasión de ver la película, hemos pensado durante días qué modelo nos íbamos a poner y cómo podíamos combinar aquella camiseta rosa que teníamos enterrada porque no quedaba lo suficientemente feminista. Y así se reflejó en las salas y colas de los cines, que se tiñeron de rosa.

Este verano muchas feministas también han reconocido que les gusta la muñeca Barbie, cosa que antes no se habían atrevido a decir. La película ha creado expectación incluso mucho antes de su estreno. Ha sabido recoger lo que el feminismo de verdad ha reclamado durante muchos años: la libertad de ser y de vestir como queramos. Pero eso no sale en la pantalla. Eso se vio en las butacas y se sigue viendo en las calles.

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