Imagen de recurso hospital en Indonesia // Wikimedia

La violencia de género es un grave problema mundial de salud pública y un claro ataque a los derechos humanos. La preocupación en Indonesia también está latente pues, a pesar de los avances en igualdad de género, con un mayor acceso a la educación de las mujeres y las niñas, así como al empleo y a los servicios de salud, la realidad no es nada satisfactoria. Para ello, se han puesto en marcha políticas, estrategias y documentos legales a nivel nacional pero que no siempre llegan a los gobiernos locales. Por ello, el gobierno indonesio en asociación con agencias de la ONU como la UNFPA y ONU mujeres, busca soluciones para mitigar el problema. En los últimos 10 años, el número de denuncias, según la Comisión Nacional sobre Violencia contra la Mujer, ha sufrido un aumento, de unas 216.000 en el año 2012 a cerca de 458.000 en el año 2022. No obstante, y pesar de que las víctimas están más concienciadas en denunciar, las cifras no representan la realidad pues sienten que se trata de un tema privado, un tema tabú, motivo de vergüenza a la vez que una gran barrera económica.

Entre las medidas de actuación, a nivel local, se encuentra el programa piloto organizado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés), que trata de combatir la violencia de género y otras formas de violencia doméstica. El programa se ha implementado en 11 distritos de Indonesia con resultados reveladores ya que en los tres primeros meses de su puesta en marcha, el personal del centro médico del distrito de Palu, ya había identificado siete casos de violencia doméstica en comparación con el año anterior que solo se denunciaron entre uno o dos.

El programa persigue diferentes objetivos: por un lado, se forma a los y las especialistas en medicina para detectar signos tanto físicos como psicológicos de violencia doméstica que puedan llegar a sus consultas, se alienta a las y los médicos no solo a curar las heridas físicas producidas por las agresiones sino a actuar de otra manera más eficaz, denunciando la situación. Por otro lado, apoyan a diferentes grupos comunitarios y ONG’s para ayudar a las víctimas proporcionándoles apoyo legal y psicológico así como un hogar seguro y, también, se plantean cursos de formación dirigidos a hombres sobre la prevención de la violencia familiar y de género.

Indonesia es un país con una población de 280 millones de habitantes y más de 7.500 distritos. Dicho proyecto únicamente se ha podido aplicar en 11 distritos con buenos resultados lo que nos induce a pensar que extenderlo y replicarlo a otras partes del territorio es posible para prevenir y proteger a las víctimas de la violencia que puedan estar sufriendo en sus hogares.

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