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Para presentar como gran pensadora de la democracia a la más fiel admiradora del principal intelectual nazi hay que invisibilizar a muchas grandes pensadoras de la democracia que, como Simone Weil, nunca admiraron a ningún nazi. Para presentarla como modelo de mujer libre por ser amante de ese intelectual nazi hay que invisibilizar a muchísimas mujeres que lucharon por su libertad y la de todas las mujeres. Para hacer tal presentación hay que crear una fake; la supuesta mayor valía intelectual de Hanna Arendt que todas esas pensadoras y feministas.

Hannah Arendt (1906-1975) es frecuentemente exaltada por su planteamiento de la “banalidad del mal”, concepto intelectualmente tan mediocre que se basa en afirmaciones subjetivas, sin pruebas, desmentidas por la investigación histórica. Una noción que creó en su análisis del juicio a Adolf Eichmann, a quien defendía como un simple burócrata mientras él afirmaba “Saber que tengo sobre mi conciencia a cinco millones de judíos, me da una gran satisfacción”. En este contexto, argumentó que la participación en actos atroces a menudo no surge de una maldad consciente, sino de una sumisión a la autoridad, la burocracia o las normas sociales. Llegó a culpabilizar a las víctimas del nazismo escribiendo: “No cabe duda de que, sin la cooperación de las víctimas, hubiera sido poco menos que imposible que unos pocos miles de hombres (…) liquidaran a muchos cientos de miles (…) dice R. Pendorf (…). Y estas palabras son más aplicables todavía a aquellos judíos que fueron transportados a Polonia para hallar la muerte en este país”.

Asimismo, a pesar de sus matrimonios, mientras profesaban una relación íntima, con cartas desde 1926 hasta 1975 (año que falleció Haidegger) en las que el filósofo nacionalsocialista le declaraba “Solo hay sombras donde brilla el sol. Y ese es el fondo de tu alma”, Heidegger no escatimaría en apoyar “los actos de quema de libros, elogiar las tesis de la eugenesia entre la profesión médica, intervenir con el objetivo de crear una cátedra de higiene racial y biológica hereditaria, y suprimir todas las becas destinadas a estudiantes judíos y marxistas”.

La enorme contradicción de esta exaltación de Arendt aleja a muchas chicas de las ciencias sociales y del feminismo. En cambio, figuras como Simone Weil con profundo sentido de la justicia social y opresión, y visionaria intelectual, abren nuevos horizontes que son primordiales de explorar para quienes no tenemos bajo ningún concepto Hannah Arendt como referente.

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