Puede haberlos, ha habido uno en la taquilla de un cine. Sabido es que en estos locales a menudo las personas mayores de 65 años gozan de un descuento. Por lo común, las arrugas, las canas certifican de por sí que se ha alcanzado dicha edad. Mas hete aquí que a una dama de 86 años que esperaba tal rebaja en el precio de la entrada un joven taquillero le pidió que enseñara su DNI. Ella es de baja estatura pero bien proporcionada, pelo cano y arrugas correspondientes, aunque no muchas, eso sí. Sorprendida y a la vez sonriente, le mostró el carnet. ¡Menudo requiebro, tenerla por joven! “Es que he de comprobarlo”, se excusó el muchacho, sin duda recién contratado y dispuesto a cumplir todas las normas no viniera a suceder que fuera despedido.

Ni un ápice de machismo en aquel piropo, pues. Mero trato comercial, y diversión por parte de la protagonista, la cual lleva años disfrutando de deducción en las localidades. Una práctica de las salas de cine que favorece a la gente mayor con independencia de sus ingresos y su patrimonio. A eso se le llama igualdad, y no dejaría de ser también justa si la recaudación de impuestos también lo fuera. Para las ricas y los ricos descuento si antes hubieran pagado en razón a su nivel de renta. 

Que los impuestos progresivos son una entelequia es conocido, pero eso ya es harina de otro costal. Quedémonos con la anécdota del piropo no machista de un jovenzuelo dirigido a una anciana.

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