Se pensaba hasta ahora que los hombres cazaban mientras que las mujeres se dedicaban a recolectar, ya que se tendía a pensar desde una perspectiva antropológica que los hombres eran más propensos a la agresión por naturaleza, mientras que la recolección era una actividad más pausada y adecuada para las mujeres, ya que principalmente se ocupaban del cuidado de los demás.

Tras un descubrimiento histórico de una cazadora en Perú en 2018 marcó un cambio en esta percepción, ya que se encontraron herramientas de caza junto a restos humanos, lo que llevó a reevaluar hallazgos similares en otras civilizaciones antiguas en América. Investigaciones más recientes han demostrado que la caza no estaba limitada por género hace miles de años (Artículo científico).

El New York Times explica que Sophia Chilczuk, recién graduada en biología humana aplicada, reconoció que esta concepción no era objeto de cuestionamiento. La idea de que los hombres cazaban y las mujeres recolectaban prevalecía en la mayoría de las mentes. Sin embargo, esta noción a menudo ha sido más arraigada que las pruebas presentadas. Por ejemplo, en 1963, se interpretó incorrectamente una punta de proyectil encontrada junto a una mujer antigua como un cuchillo para raspar en lugar de una herramienta de caza.

Investigadores como Abigail Anderson y Sophia Chilczuk se unieron a una antropóloga, Cara Wall-Scheffler, para investigar más a fondo. En su revisión bibliográfica, concluyeron que en la mayoría de las sociedades tradicionales de búsqueda de alimentos, las mujeres tenían un papel dominante en el retorno con el producto de la caza. El equipo analizó sociedades de todo el mundo y encontró pruebas de que las mujeres cazaban en muchas de ellas, y que esta actividad era a menudo premeditada.

 

Este nuevo enfoque desafía la idea tradicional de que la caza era una actividad exclusivamente masculina y la recolección era principalmente femenina. Además, se descubrió que las mujeres cazadoras eran flexibles en sus estrategias a medida que envejecían y tenían diferentes responsabilidades familiares. Estas revelaciones resaltan la importancia de cuestionar suposiciones arraigadas y de reconocer el papel activo de las mujeres en actividades históricamente consideradas masculinas.

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