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Recientemente y cada vez más discursos por parte de algunas personas en los ámbitos de la psicología o la sexología definen con claridad qué tipo de placer, cómo, cuándo y dónde pueden sentir las mujeres, limitando los horizontes de muchas mujeres, así como su derecho al placer. Se habla en ocasiones en base a experiencias propias o a ocurrencias que no tienen ninguna evidencia detrás, por ejemplo, sobre las posiciones sexuales que aportan placer a las mujeres y las que no, los tocamientos placenteros para las mujeres y los que no lo son, caricias, periodicidad de las relaciones, duración, etc. se atribuye a las mujeres un menor deseo sexual que a los hombres, una mayor facilidad para aportar placer que no para recibir, una menor predisposición a las relaciones si no es para concebir criaturas y un largo listado de tópicos que se difunden en los medios de comunicación y las redes sociales causando un fuerte impacto en la libertad de las mujeres al placer.

Cuando se habla de la pérdida del deseo al cabo de un tiempo de haber empezado una relación o cuando se específica en puntos concretos del cuerpo el placer sexual de las mujeres se limitan las posibilidades, se estigmatiza y se anula la diversidad. Los cuerpos de las mujeres son muy diversos y variados, así como lo es su deseo. Lo que nos evidencia la ciencia es que cuando hablamos de deseo y placer sexual de las mujeres no podemos reducirlo todo a una estigmatización si no que debemos atender a lo más profundo de la cuestión y es dónde radica el deseo sexual. Como nos demuestran las evidencias en ocasiones se disfruta más hablando de sexo que no practicándolo porque las experiencias sexuales que se han tenido lejos de ser placenteras han sido sin consentimiento, con abuso, de maltrato o sin ningún tipo de deseo, lo que las convierte en experiencias muy desagradables que se alejan radicalmente de la libertad y el placer. Todas las experiencias sexuales que hemos vivido construyen nuestra memoria, nuestros recuerdos y nuestro deseo, destacando la primera de las relaciones sexo afectivas. Siendo así, la configuración de la memoria predispone a los cuerpos a un mayor o menor deseo, o al deseo hacia unas prácticas o unas otras. No por el hecho de ser hombres o mujeres sino por la socialización vivida.

Es por esto que cuando la socialización en las relaciones sexo afectivas ha sido totalmente libre, basada en relaciones llenas de deseo, de igualdad y de amor, el placer sexual se produce de una forma recíproca, sin importar el lugar, el cómo o el dónde. Una sola mirada puede encender el deseo sexual, cuando la pasión es libre de cualquier tipo de coacción no importan los puntos y o x, no necesitamos croquis del cuerpo del otro ni un manual por donde pasar para acabar generando placer. Si no explicamos esto, especialmente a las personas más jóvenes y nos centramos en ocurrencias, estamos anulando las posibilidades de sentir placer sexual a muchas chicas y mujeres que creyendo los tópicos acaban anulando su deseo de deseo pensándolo imposible.

Para saber más:

Joanpere, M., Redondo-Sama, G., Aubert, A., & Flecha, R. (2021). I Only Want Passionate Relationships: Are You Ready for That?. Frontiers in psychology, 12, 673953. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.673953

Torras-Gómez, E., León-Jiménez, S., Joanpere, M., & Valls-Carol, R. (2022). “You Enjoy Talking about It More than Doing It”: Fake Narratives in Disdainful Relationships. Qualitative Research in Education, 11(2), 180–202. https://doi.org/10.17583/qre.10578

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