En muchos contextos, personas con actitudes dominantes exhiben sus comentarios y comportamientos públicamente. Ante ello, muchas personas pueden no saber cómo reaccionar: ¿seré el único al que no le parece bien lo que ha dicho? ¿Qué puedo hacer sin montar un numerito? ¿Se pondrán en mi contra?

Si hablamos específicamente de hombres, aquellos no violentos e igualitarios pueden tender a caer en actitudes de inseguridad y desconcierto ante situaciones desagradables. Pero a la vez, sabemos que si no te posicionas de ninguna manera en contra de la situación violenta, estás contribuyendo a su perpetuación, y haciendo sentir a quien la perpetra que estás de acuerdo, que te parece bien lo que ha dicho o hecho.

 

Por suerte, aquellos chicos y hombres con actitudes de Nueva Masculinidad Alternativa (NAM) pueden aportar algo esencial que desbloquee estas situaciones. Su seguridad, fortaleza y valentía, sumada al rechazo profundo que sienten hacia quien desprecia o trata mal, puede llevarlos a posicionarse de dos formas: primero, en el momento en que sucede la situación, pueden actuar como upstanders y con lenguaje del deseo, bajando del pedestal al que paradójicamente se ha subido la persona violenta.

Pero, además, una acción de muchísimo impacto puede ser establecer alianzas con otros chicos igualitarios del grupo. Leyendo las miradas, podemos identificar quienes realmente no están a favor de lo que acaba de suceder, y así buscar otros momentos seguros para hablar con ellos:

  • Oye, ¿a ti te ha parecido medio normal el comentario que ha hecho X?
  • Pues la verdad es que no…
  • Ya te digo, a mí tampoco, ¿quién se cree?
  • Buah, qué gusto que lo hayas dicho, no sabía si era el único…
  • Qué va, ¡seguro que muchos más piensan como nosotros!

Romper este silencio puede hacer recobrar la confianza y seguridad en muchos otros chicos que, por supuesto tampoco están a favor de ninguna forma de violencia, pero que han sido en el pasado machacados o sometidos a los dominantes. El enorme potencial del diálogo lleno de lenguaje del deseo y sin doble moral se traduce en un aumento de libertad: por fin podemos decir lo que realmente pensamos y sentimos, y podemos hablar de cómo actuar en futuras situaciones. Además, sabemos que los violentos son realmente una minoría, de manera que, como sucede en la historia, gracias al diálogo, podemos conseguir un “Fuenteovejuna, ¡todos a una!’”

Así, juntos, cuesta mucho menos, y tiene mucho más impacto la valentía y el posicionamiento; aparte, se previene o mitiga la violencia de género aisladora (los ataques por tu posicionamiento). No tenemos por qué tolerar en silencio que unos pocos dominantes piensen que estamos de acuerdo con su chiste machista, su comentario homófobo o su actitud violenta. Las miradas de complicidad surgirán porque ya lo tendremos muy hablado, y nuestro efecto será mucho más potente: la seguridad artificial de los dominantes caerá en picado, viendo que se le acaba el chollo, que ya no somos individuos aislados ni sumisos.

Cada vez más tenemos las herramientas, gracias a las evidencias científicas de impacto social, que nos acercan a un mundo libre de violencia, donde se desea a quien es igualitario y se rechaza a quien no lo es.

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