La verbena de San Juan es una fiesta divertida, creativa y maravillosa, pero también es una de las noches del año donde se producen más violaciones y acosos sexuales con una altísima proporción de las sufridas por las más jóvenes y adolescentes. Las feministas todavía hoy, en el 2023, tenemos que seguir diciendo que toda la responsabilidad es de los agresores y de la cultura de la violación, nunca la más mínima responsabilidad es de quienes sufren la violencia.

Además, las feministas siempre hemos buscado analizar y promover las ideas y acciones que aseguren la libertad sexual de toda persona frente a cualquier posible coacción. Eso nos ha llevado a investigar determinados “mitos” de los que es mejor desprenderse para defenderse de los agresores. Seamos sinceras, digamos lo que todas sabemos. El mito más peligroso esta noche no es el del amor romántico, no es ese el que promocionan los peores hombres y su cultura de la violación. Basta observar las manadas de agresores que salen esta noche de caza, escuchar lo que dicen, para saber que lo que tratan de imponernos es el mito del empotrador que presenta como deseable y justificable toda agresión.

Hay que decirlo alto y claro. El mito del empotrador no lleva a la belleza, el placer, la salud y la alegría, sino a la fealdad, la violación, la somatización del sufrimiento. Y hay que decirlo para que esos hombres y las mujeres que se someten a ellos no engañen a las adolescentes que saldrán hoy, a veces por primera vez, de fiesta por la noche con sus amigas. Que no hagan caso del ultra machismo de la canción “La balada del empotrador”: “busco un hombre que me empotre contra la pared (…) empótrame fuertemente, no tengas pudor”.

Si estamos contra las agresiones sexuales, tenemos que decirlo con claridad. Quienes podemos elegir nunca escogeremos a esos hombres que quieren hacernos creer que su violencia es placer, que no tienen ni idea de sexo, sólo saben agredir, que tiñen de fealdad todo lo que tienen cerca. Por muy mal que pueda sentirse hoy una adolescente en la verbena, por muy acomplejada que esté hoy, por mucho que tenga la sensación de que a otras les hacen caso y a ella no, conviene que sepa que caer en las garras de uno que incluso se define a sí mismo como empotrador no sólo no le servirá para dejar de sentirse fracasada en quizá su primera verbena, sino que será todo lo contrario y que puede que le quede un problema para siempre si no somos capaces todas y todos de atrevernos a decirlo. 

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