La Fundación ANAR ha presentado su ya tradicional Informe Anual basado en las peticiones recibidas a través del teléfono y el chat durante el año 2022.

Las conclusiones del informe nos describen una realidad preocupante no sólo por el aumento de solicitudes sino por la gravedad, la urgencia de atención, la duración (más de la mitad de los problemas se producen desde hace más de uno año) y la frecuencia de las mismas (el 55% supone una periodicidad diaria). Gran parte de las solicitudes han tenido que ser derivadas a otros agentes de intervención tanto jurídicos como sociales.

A nivel general, según comparativa con años anteriores, se observa un aumento de las peticiones de ayuda solicitadas directamente por los y las chicas y adolescentes, o derivados de su entorno, pero también por parte de otros adultos. Los motivos de las consultas se podrían categorizar en dos grandes grupos:

– Violencia contra un o una menor que incluye maltrato físico y psicológico, acoso escolar, agresión sexual, violencia de género, ciberacoso, grooming o sexting
– Salud Mental que engloba conductas como ideación suicida o intento de suicidio, baja autoestima, soledad, aislamiento, depresión, miedo, autolesiones, problemas de conducta… 

Atendiendo a las consultas realizadas en concepto de violencia contra los y las menores, este sigue siendo el principal motivo por el que consultan las personas adultas y el segundo por lo que lo hacen los y las jóvenes.

Si prestamos atención a las demandas relacionadas con la Salud Mental, se observa que éstas, han crecido de una manera significativa; continua la preocupación sobre el incremento de conductas suicidas, inquietud que ya se destacaba en el informe del año anterior. Según el informe actual es la primera vez, en 29 años desde que se recogen datos, que la conducta suicida ocupa la primera posición entre los motivos de consulta de los y las menores. Entre los factores de riesgo, relacionados con la violencia, se encuentra el ser mujer (de 13 años o más), pertenecer al colectivo LGTBI, sufrir maltrato físico o psicológico, acoso escolar, exposición a violencia de género o inacción por parte de los profesionales de centros escolares antes situaciones de acoso escolar.

El documento también destaca la importancia de identificar algunas señales de riesgo, es decir, el conjunto de comportamientos no habituales que confluyan al mismo tiempo tales como cambios en  el estado de ánimo o conducta, aislamiento social prolongado, tristeza o desesperanza, problemas de rendimiento o absentismo escolar, autolesiones… .

Por otro lado, en el artículo Supervised Learning for Suicidal Ideation Detection in Online User Content se definen qué factores podrían ser los desencadenantes en ideas o intentos de suicidio como problemas personales, sociales o eventos negativos que se hayan producido en sus propias experiencias de vida. La investigación afirma que las razones por las que una persona muestra ideas suicidas son consecuencia de una compleja interacción de factores. Asimismo, pone en relevancia la importancia de analizar las interacciones y publicaciones que realicen como usuarios en redes sociales donde “se pueden leer” directa o indirectamente contenidos con inclinación suicida. Finalmente, concluye que la detección así como el tratamiento tempranos son las formas más efectivas para su prevención.

Los datos nos instigan a estar alerta de que estamos ante una realidad alarmante que necesita ser analizada concienzudamente con el fin de buscar los mecanismos para actuar desde la prevención y detección, en nuestros centros educativos mediante la implementación de acciones o programas que, desde la evidencia, han demostrado ser efectivos para este fin.

Sin dejar de ser realistas ni quitarle importancia a tan grave situación, podemos analizar estas cifras desde otra perspectiva, de una manera positiva y optimista para conseguir frenar la violencia y evitar consecuencias nefastas e irreversibles en la salud mental de nuestros jóvenes: que los chicos y las chicas detecten qué les está pasando, sin son objeto de acoso y/o violencia y lo cuenten, es buena señal; si tienen el apoyo en un amigo o amiga para intentar solucionarlo y sentirse protegido, escuchado y apoyado, también es una buena noticia; que otras personas adultas soliciten ayuda porque no saben cómo hacerlo pero sí saben que algo deben hacer, es esperanzador y, que se utilicen otros recursos de ayuda como una llamada telefónica de auxilio, también lo es.

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