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La confusión sobre el concepto “expertas, expertos” es enorme en nuestro contexto. Asociamos la cualidad de expertas a las personas que hablan, opinan frecuentemente sobre una temática. En el ámbito del género, es una constante la asociación entre “expertas” y opinólogas del tema, sin pensar en las consecuencias que de ello se generan. No entenderíamos en cambio la misma asociación en el campo de la medicina. Una experta en medicina no es una persona que opine sobre la salud, sin rigor, sin evidencias. En este sentido, los medios de comunicación tienen un papel fundamental en la difusión de ocurrencias o de evidencias y decidir si dan voz a las reconocidas como “expertas” o a las personas que conocen y profundizan sobre las evidencias científicas, generando así un efecto muy distinto a la ciudadanía.

Pero no solo son relevantes las evidencias científicas, sino que a su vez es imprescindible que quienes hablan sobre las evidencias en materia de violencia de género tengan un compromiso con las víctimas. de no ser así, es mejor no hacer nada. En ocasiones se ha dado voz y relevancia a personas reconocidas como “expertas” que contrariamente a las teorías que dicen defender, en su práctica se han posicionado contra las víctimas y las personas que las apoyan. Incluso se ha dado voz en espacios dedicados a la igualdad y el fin de la violencia de género a personas que han ejercido acoso sexual. Tendencia que ya se conoce de espacios como algunos movimientos sociales, se repite en las universidades pervirtiendo los espacios de deberían ser seguros y proteger a las víctimas. La única forma de evitar esta tendencia es uniendo las evidencias científicas de impacto social con el compromiso y el posicionamiento valiente con las víctimas. 

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