Las personas jóvenes pueden dar forma a las políticas democráticas, ya lo han hecho y lo continúan haciendo, tal y como se demuestra en el volumen Young people Shaping Democratic Politics, recién publicado. Las materias en las que las aportaciones de la juventud son cruciales son muy diversas y de la máxima importancia. El volumen mencionado incluye el capítulo When David Defeats Goliath. The Case of MeToo University: The Solidarity Network of Victims of Gender-Based Violence in Universities dedicado al impacto que el movimiento Me Too Universidad y la creación de red solidaria de víctimas de violencia de género en la universidad que ha tenido en las propias universidades, en la sociedad, en la política y en la legislación. 

El trabajo recoge cómo, a partir del caso de una estudiante valiente, víctima de acoso sexual en la universidad, y del apoyo de un profesor decidido a acabar con esta lacra, comienza un camino transformador que, basándose en lo que las evidencias de la investigación previa nos han enseñado, logró cambiar la historia del acoso sexual en las universidades españolas, crear redes de apoyo y solidaridad entre las víctimas, y que comience a legislarse para terminar con el aislamiento de las víctimas. 

La existencia de violencia de género en las universidades ha sido constatada por la investigación científica, al menos desde los años 50 y en la mayoría de las investigaciones se señala la ley del silencio como un rasgo propio de la violencia de género en este ámbito. Las relaciones de poder asimétricas que tradicionalmente se dan en la academia facilitan la impunidad de los acosadores y dificultan enormemente que las víctimas denuncien. La reticencia a denunciar es frecuente entre las víctimas por miedo a ser revictimizadas en el proceso, del mismo modo que en su entorno también se teme que quienes las protejan sufran violencia de género aisladora. Sin embargo, estas mismas evidencias nos han enseñado también que las redes informales de apoyo a las víctimas tienen un papel crucial en la posibilidad de superar esa situación por ser más sólidas y duraderas que las actuaciones institucionales, incluso en los casos de que estas existan.

Este artículo parte del relato de una estudiante, en principio una pequeña “David” que debía enfrentarse a un poderoso profesor, un “Goliat” que la acosaba abusando de su poder. Gracias a las estrategias que la evidencia ha demostrado que funcionan, esta alumna logra vencer. En primer lugar, es clave el apoyo recibido por un profesor para enfrentarse al abuso y, a partir de esa denuncia, comenzar a sacar a la luz hasta otros 13 casos de acoso del mismo perpetrador en la universidad. Pese a que en principio se les impuso la ley del silencio y se les obligaba a aislarse incluso entre las propias víctimas, pese a que las investigaciones llegaban a ser verdaderos interrogatorios en los que las víctimas y quienes las apoyaban parecían ser los acusados, pese a que la Universidad y la justicia no sancionaron al acosador por haber prescrito los hechos denunciados (aunque queda claro que había conocimiento de los acosos desde hacía décadas en la propia universidad), la red de jóvenes logró que se reconociera que el abuso, la violencia de género, había existido y que, aunque el profesor acosador volviera a la Universidad, no volviera a dar clase.

La investigación nos muestra también cómo las víctimas en este caso y en otros ya no son víctimas, sino supervivientes, víctimas con éxito, que no tienen que renunciar a sus sueños y además de mantener su carrera académica y su honor, consiguen construir un futuro mejor; se convierten en activistas, capaces de organizar campañas locales o internacionales, creando la red solidaria de víctimas Me too Universidad bajo los principios de posicionarse siempre del lado de la víctima, complementar los modelos institucionales y proteger a quien protege. 

Con este activismo, las acciones se extienden, se tejen alianzas y se unen fuerzas en otras universidades, llevando a cabo asambleas de estudiantes bajo lemas como “Nuestras hijas tienen derecho” o “Basta de acoso en la Universidad” y con una campaña para lograr que las universidades firmen un manifiesto posicionándose contra la violencia de género en la Universidad. El impacto alcanzado llega a lo social con recogidas de más de 1000 firmas en 74 horas y con presencia de las campañas en diferentes universidades, pero más aún, se alcanza un sólido impacto político con una legislación pionera sobre acoso sexual de segundo orden en Cataluña y posteriormente en Euskadi. La Fundación Mujeres reconoce la Red Me too Universidad como una buena práctica y, en general, se comienzan a hacer sentir los grupos de presión para que las voces de la juventud sean oídas en las comisiones legislativas e institucionales que regulan esta materia. 

Esta historia es una historia de éxito que nos enseña, de cara al futuro, que, pese a las dificultades iniciales, y los primeros resultados, no siempre positivos, las redes de apoyo y la solidaridad entre las víctimas son cruciales para lograr la superación de la violencia de género. Además, la juventud puede dejar de ser vista como mera receptora de las políticas y se encuentra en un momento crucial para ser co-creadora de estas, uniendo fuerzas y levantando debate público para desenmascarar a los acosadores y sus cómplices, especialmente cuando llevan a cabo una mala aplicación de las políticas de protección a las víctimas. 

Los mecanismos formales necesitan de mecanismos informales, como las redes de apoyo, para lograr el objetivo de lograr una universidad libre de violencia. La fuerza de muchos pequeños “David”, creando redes, alianzas y grupos de presión pueden, están ya, abriendo camino para un futuro mejor.

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