Los asistentes de voz forman parte de la vida diaria en las casas. Investigaciones actuales han mostrado que las y los menores lo utilizan para que reproduzcan sus canciones favoritas, llamar alguna persona de su familia, para que le describa animales, entre otras cuestiones.

Sin embargo ¿Las niñas y los niños se convierten en mandones por utilizar estos asistentes? Según un estudio reciente liderado por la Universidad de Washington, muestra que es poco probable que el uso de los asistentes conversacionales como Alexa o Siri afecte la forma en que las  niñas y los niños se comunican con sus iguales.

El estudio, en el que participaron 22 niños de entre 5 y 10 años, demostró que las niñas y los niños son sensibles al contexto al utilizar estas tecnologías. Las y los menores aprendieron a utilizar la palabra “bungo” para pedirle a un robot animado o un cactus en una pantalla que hablara más rápido y la utilizaron fácilmente cuando el robot hablaba lentamente. 

Aunque la mayoría de las niñas y niños utilizan “bungo” en sus conversaciones con sus familiares, lo consideran más como una fuente de diversión o una broma interna sobre actuar como un robot. Sin embargo, cuando una persona del equipo de  investigación hablaba despacio, las y los menores rara vez utilizaban “bungo” y esperaban pacientemente a que la persona  investigadora terminara de hablar antes de responder. 

La investigación  emergente “Ser padres con Alexa: Explorando la introducción de los altavoces inteligentes en la dinámica familiar” (en inglés, Parenting with Alexa: Exploring the Introduction of Smart Speakers on Family Dynamics) fue publicada  en junio en la conferencia Diseño de Interacción y Niños 2021. 

Aunque estos resultados indican que las niñas y los  niños perciben a Siri de forma diferente a como lo hacen con las personas, aún existe la posibilidad de que las interacciones con un asistente repercutan en los hábitos de comunicación de las niñas y los niños de forma sutil, como su uso del lenguaje o del tono al hablar con los demás.

No obstante, muchas niñas y niños quisieron experimentar cosas nuevas junto a sus familiares, por eso las personas investigadoras sugieren que las y  los diseñadores podrían desarrollar experiencias de colaboración para ayudar a las niñas y los niños a aprender nuevas habilidades.

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